domingo, 10 de diciembre de 2023

Precious, you | OneShot


Buenas tardes medusas luminosas, ¿todo bien?

Me encantan las vacaciones de invierno porque es el momento en el que más puedo avanzar mis escritos, logrando incluso terminar algunos de estos. Creo que no hace falta decir nada más, ¿cierto? Es el momento de darle la bienvenida a un nuevo OneShot, después de mil años.

¡Disfrutadlo!

[ATENCIÓN. ESTE ONESHOT CONTIENE LEMON]

Título: Precious, you
Parejas: Yuqi x Shuhua
Tipo: Yuri
Género: AU | Romance
Advertencias: Lemon
Notas:

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PRECIOUS, YOU

Sus ojos se fijaron en la larga y destacada cicatriz que la muchacha tenía entre sus pechos. Sentada a horcajadas sobre los muslos de Yuqi, Shuhua se sintió protegida al visualizar el brillo genuino en la mirada de la mayor. Todavía llevaba ropa que la cubría de la cintura para abajo, pero se sentía totalmente desnuda en el alma. Su calor pronto se acumuló de manera tranquila y lenta entre sus piernas, y su cuerpo empezó a temblar, producto del miedo y la emoción. Las manos de Yuqi, pequeñas pero fuertes, rodearon la espalda de la menor y la acercaron a ella hasta que la china pudo esconder el rostro entre sus pechos.

El relieve de la cicatriz rozó sus labios, ella inspirando profundamente para llevarse a sus pulmones la dulce fragancia de Shuhua, su esencia natural. Ese perfume femenino que tanto había extrañado. Las manos de la menor acariciaron los hombros de la bajita y sus dedos se enredaron en las hebras rubias de esta para sentir confort.

—Eres preciosa— susurró la china, llenando de besos aquella cicatriz —no puedo creer que estés aquí conmigo. Pensaba que te perdería…— la voz grave y fuerte de la mayor se volvió un susurro quedo, palabras llenas de duda y miedo.
            —Aquí estoy— Shuhua sintió el roce cálido y húmedo de las lágrimas ajenas sobre su piel desnuda, a lo que acarició con cariño y ternura la cabeza de Yuqi para que esta pudiese desahogarse con tranquilidad.

Habían pasado muchos meses separadas por culpa de una enfermedad, una deficiencia en el corazón de la menor que la dejó a pocos días de conocer a la muerte. La niña alegre que una vez fue, se había ido apagando con el paso de los años, agotada, molesta, herida y preocupada por dejar a su alma gemela sola. Porque, por mucho que Yuqi le dijera que no tenía que preocuparse por ella, Shuhua ahora veía lo mucho que había tenido que soportar sola la mayor, haciéndose la fuerte para tener un respaldo en sí misma y no terminar desmoronándose cuando, a cada día que pasaba, había menos opciones para la taiwanesa.

Pero esta no podía irse, no quería hacerlo.

—E-Es que…—un sollozo doloroso escapó de los labios de Yuqi, quien se había acurrucado contra la menor, apretándola tan fuerte que sintió cómo sus dedos parecían hundirse en la tersa piel blanca de esta.
             —Ya no temas, me voy a quedar contigo— suaves caricias se perdieron en los cabellos de la joven china, Shuhua jugando con aquellas hebras doradas mientras dejaba que la bajita soltara todo aquello que tenía acumulado en su interior.

El pecho de Yuqi dolía, sentía tal presión en este que por un momento incluso pensó que explotaría por dentro. Una constante bola llena de agonía y temor bajaba hasta la boca de su estómago y subía alcanzando su garganta, atorándose ahí y prohibiéndole hablar o tan siquiera respirar con normalidad. Los sollozos y gimoteos eran el agradecimiento hacia las plegarias escuchadas que había hecho cada día, suplicándole a Dios que no se llevara a Shuhua de su lado, que ella todavía tenía mucho que vivir y disfrutar. Se sentía feliz, pero todavía no se creía que la morena estuviese entre sus brazos, dándole cariño y tranquilidad con sus gestos maternales y una calma tan absoluta como el mar.

—Te extrañé tanto, joder…— mencionó la mayor sin dejar de temblar —estaba tan asustada— confesó.
             —Lo entiendo, Yuqi— su nombre pronunciado por la voz de la menor hizo que su vello se erizara —pero puedes estar tranquila. La operación ha ido muy bien, y ahora tengo un corazón sano, podremos hacer muchas cosas juntas— tomando con cuidado y cariño el rostro de la rubia, Shuhua lo acunó entre sus manos y secó las lágrimas de sus mejillas con sus pulgares —confías en mí, ¿verdad?— la mirada de la taiwanesa brilló con ternura al ver el pequeño rostro aniñado y temeroso de Yuqi, quien no dejaba de llorar.
             —C-Confío en ti— esta cerró los ojos cuando Shuhua acarició de nuevo sus mejillas, momento en el que la menor aprovechó para inclinarse hacia ella y besar sus labios en un beso puro y tranquilo. Casto como el amor que le profesaba.

Ambas se fundieron en un abrazo profundo e intenso en el que las manos de Yuqi apretaron suavemente la piel de la menor antes de ayudarle a recostarse sobre la cama. Verla con el cabello ligeramente despeinado, las mejillas rojas y un brillo castaño centelleando en sus ojos le hizo suspirar; amaba a esa mujer con todo su ser, como nunca había amado a nadie, y finalmente comenzaba a entender que todos aquellos meses llenos de agonía, tristeza e incertidumbre por fin habían llegado a su fin. Sí, tenía que confiar en Shuhua. Todo saldría bien a partir de ahora.

Todo.

—Te amo— susurró la mayor, dejando que su mirada se perdiera en los labios de la contraria que acariciaba con la yema de su pulgar —demasiado— sentenció.

La taiwanesa solo sonrió, totalmente dispuesta a dejarse hacer.

Ambas tenían un acuerdo en el que si las cosas salían bien, comenzarían una relación formal que, en los pensamientos de la china, deberían haber empezado hacía bastante tiempo. Dentro del sentimiento de amistad había ido floreciendo poco a poco el amor, el cariño más allá de algo puramente amistoso, sobrepasando el sentimiento protector que podían tener cualquier par de buenas amigas. Pero ninguna quiso hacer el paso antes de tiempo por miedo, por la inseguridad de no saber qué sucedería cuando Shuhua entrara al quirófano. Esta no quería dejar sola a su amada, y Yuqi no iba a poder soportar el peso de la soledad que significaba perder a la menor.

Caricias delicadas y efímeras sobre la piel blanca de la taiwanesa delataban el miedo que la rubia había estado sintiendo durante todo ese tiempo en el que su corazón no dejó de estrujarse más y más a cada día que pasaba, así como su respiración se volvió pesada a causa de la ansiedad y el miedo. Durante esos meses, el temor fue palpable y muy visible en cualquiera de los gestos que hiciera Yuqi, en cada una de sus palabras. No importaba qué tan fuerte quisiera verse frente a los demás, cuando llegaba a casa no podía dar más de dos pasos seguidos sin desmoronarse al no tener noticias de Shuhua. Y eso le dolía, le dolía tanto que por primera vez experimentó el dolor de amor, esa agonía y tristeza propias de alguien a quien le habían arrancado un pedazo de su vida y su felicidad.

—Yo también te amo— respondió finalmente la menor al tiempo que esta acercaba sus manos al rostro de la china, acariciándoselo con cariño.

Lentamente, Yuqi se apoyó con suavidad sobre el cuerpo de la menor y ella rodeó sus hombros con sus brazos, perdiéndose en un nuevo beso igual de puro y sincero que el anterior, pero un poco más intenso, más atrevido. La boca de Shuhua se abrió lentamente cuando esta percibió la punta de la lengua de Yuqi acariciando sus labios, buscando su sinhueso con movimientos pausados y tímidos, tranquilos. No pasó demasiado tiempo antes de que ambas lenguas se encontraran, perdiéndose en la boca de la taiwanesa en un juego donde danzaron, se conocieron y memorizaron el sabor y el calor de la otra. En ese momento las respiraciones de las dos tomaron un ritmo distinto, más pesado y largo con la intención de llenar sus pulmones por más tiempo, aún si los jadeos entre besos hacían esa tarea bastante más difícil de lo que podía resultar en un primer momento.

Entonces, las manos de la taiwanesa bajaron por la espalda de la rubia y agarraron el borde de su camiseta, subiéndola sin dejar de besarla. La prenda terminó en el suelo al igual que el sujetador, ropa perdida en algún punto de la habitación.

Los dedos de Shuhua acariciaron la piel desnuda de Yuqi, intentando memorizar cada curva, cada marca, cada lunar del cual podía sentir su ligero relieve contra las yemas de sus falanges. La menor sonrió, enternecida y embriagada por el perfume femenino que su nariz captó cuando la bajita se movió sobre su cuerpo para terminar de desnudarla —los ojos oscuros de la morena se encontraron con los senos de la china, pequeños y bonitos, redondos y adorables. Quiso tocarlos, pero Yuqi fue más rápida y pronto se separó de ella, gateando sobre el colchón para alcanzar el botón de los shorts que Shuhua todavía vestía.

Esta se sintió tímida, un poco asustada. ¿Y si a Yuqi no le gustaba lo que veía? ¿Se lo diría? La taiwanesa tragó saliva y dejó ambas manos sobre su pecho.

La joven sintió que se derretía con cada toque, con cada suspiro de Yuqi dedicado a su piel. La taiwanesa temblaba de la emoción, de sentirse viva por primera vez después de tanto tiempo; de que la primera persona que viera su cicatriz fuese la china, porque solo necesitaba que esta la viera. Nadie más. No le importaba nadie más. Shuhua tragó saliva con disimulo, dejando la boca entreabierta para poder respirar con un poco más de facilidad. Mil sensaciones golpeaban su cuerpo, las terminaciones nerviosas explotando en ligeros cosquilleos, pequeños destellos de luz apareciendo en sus ojos —pronto vio bombillitas de colores en la oscuridad repentina que aparecía al cerrar los ojos. Su ceño se frunció y un gemido tímido escapó de entre sus labios cuando Yuqi rozó su intimidad por encima de su ropa interior.

—V-Ve con cuidado, por favor…— gimoteó la menor, extasiada, aunque todavía algo nerviosa. No era miedo lo que sentía, pero sí temía no ser lo que la contraria esperaba.
             —Siempre voy a ir con cuidado, no te preocupes— la voz grave de la mayor se tornó un poco ronca, una caricia auditiva que erizó todo el vello de Shuhua sin que esta pudiese evitar suspirar por lo agradables que se sintieron aquellas palabras —eres tan hermosa— sentenció la china, sonriendo con ternura al ver que la taiwanesa apartaba la mirada, totalmente avergonzada.

El pulgar de la rubia se paseó con suavidad por encima de la pequeña protuberancia que podía percibirse bajo la tela apretada de las bragas negras. Un ligero ruido húmedo también pudo escucharse en la habitación cuando ambas se quedaron en silencio, ese espasmo involuntario haciendo que Shuhua apretara sus labios vaginales en un gesto tímido e incontrolable. Los fluidos de la menor habían ensuciado su ropa interior, lo que Yuqi usó como excusa perfecta para quitarle las bragas, deslizándolas lentamente por sus piernas hasta tirarlas a saber dónde.

—¿Te encuentras bien?— la china se percató de que el cuerpo de la contraria volvía a temblar.
             —E-Estoy bien… solo siento algo de vergüenza, es mi primera vez— confesó.

Los ojos de Yuqi brillaron con emoción y ternura al ver el rostro sonrojado de la menor, esa mirada dudosa llegó hasta su corazón, lo que hizo que se inclinara nuevamente para volver a su boca. Los brazos de Shuhua volvieron a rodear los hombros de su amada, dedicándole caricias delicadas y efímeras sobre su espalda. Hasta que la taiwanesa no dejase de temblar, Yuqi no dejaría de besarla.

Y es que bastó un solo beso para darse cuenta de lo adictivos que eran esos labios, de su suavidad, su calidez, lo carnosos y dulces que eran. La china deseó por tanto tiempo poder estar así con la menor que fue incapaz de controlar los temblores en su propio cuerpo; aquello le robó una tímida sonrisa a Shuhua.

—N-No es necesario que me acompañes con los temblores— mencionó ella.
             —No lo puedo evitar, es la emoción—.
             —¿Estás emocionada?— sus ojos brillaron.
             —Demasiado— regresó a besarla, dedicándole pequeños besos sobre sus labios. Lentamente fue deslizándose por la comisura derecha de estos, bajando por el mentón, el cuello y las clavículas hasta regresar a la cicatriz.

Shuhua presionó la cabeza de la rubia contra su pecho buscando más contacto, a lo que Yuqi respondió atrapando con su boca uno de los hermosos senos de la menor. El gemido que captaron sus oídos fue el sonido más bonito de todos, cual canto de pájaro que volaba libre por primera vez. Sus labios conocieron la piel de la taiwanesa con lentitud, en una succión un tanto ruidosa con la que dichos labios acariciaron primero la aureola de la joven antes de darle, finalmente, la primera chupada a su pezón. Yuqi lo notó duro, terriblemente apetitoso a la vista y de un color rosado parecido al de una flor de melocotón. Su boca se hizo agua.

El pecho de la morena se alzaba con lentitud en cuanto esta inspiraba para llenar sus pulmones de aire, bajando seguidamente; en un intento por mantener un ritmo pausado, suspiros y pequeños gemidos entrecortados se escapaban de su boca. Las atenciones en sus senos hacían que se removiera inquieta sobre el colchón, podía sentir las sábanas arrugadas y calientes bajo la piel desnuda de su espalda, también acariciando sus nalgas. Shuhua movía la cabeza de izquierda a derecha, sus manos rasguñaban la piel de Yuqi y en ocasiones tironeaban de las sábanas, pero se quedó quieta en cuanto sintió que los labios calientes y húmedos de la mayor besaban su cicatriz y, desde ese punto de su cuerpo, comenzaban a deslizarse hacia su bajo vientre.

La rubia marcó su abdomen con pequeños besos calientes, la saliva se veía brillar en la piel de la menor.

—¿Puedo?— preguntó en un tono tranquilo y protector a la par que separaba lentamente las piernas de la joven taiwanesa y se acomodaba bocabajo en el colchón. Yuqi buscó la mirada de la contraria para darle seguridad —prometo que te gustará— ella soltó un ligero soplido sobre la intimidad de Shuhua, logrando que esta diese un respingo.
             —No me preguntes eso— la menor se cubrió la cara con ambas manos —s-solo hazlo— esta sentía frío, quería el calor de la contraria en su cuerpo.

La china sonrió y apoyó sus manos en la cara interna de los muslos de Shuhua, aprovechando la cercanía para separar sus labios vaginales con ambos pulgares. La rubia se quedó en silencio, fascinada. Una fina capa de fluidos brillaba sobre la intimidad de la menor, transparente, ligeramente viscosa —Yuqi se sintió orgullosa de saber que la contraria tenía un cuerpo tan sincero; sus ojos se deleitaron siguiendo el recorrido de una pequeña gota tímida que logró salir de la vagina de Shuhua y empezar un recorrido que terminó de manera abrupta antes de alcanzar el perineo en cuanto la lengua de la mayor se la llevó consigo. La rubia dio una primera probada al sexo de la taiwanesa y sintió que todo su cuerpo reaccionaba de una manera electrizante y agradable; su vello erizándose, sus mejillas entrando en calor.

Una ola ardiente acarició la piel de su rostro, sus pómulos, sus párpados, sus mejillas humedeciéndose ligeramente por las atenciones en el sexo de la menor. Shuhua no tardó en llevar una de sus manos hasta la cabeza de la china, apretando ligeramente esta para que no se separara. Pequeños gemidos escaparon de su garganta, ahogados y tímidos, temerosos de ser demasiado ruidosos. Su otra mano se aferró a las sábanas y tiró de estas con más fuerza al tiempo que sentía que su cuerpo parecía despertar y moverse por sí solo —pequeños chispazos golpearon sus caderas, a lo que la taiwanesa empezó a mover su pelvis de manera constante, lenta pero lo suficientemente notoria como para que Yuqi entendiese que le estaba gustando lo que le estaba haciendo.

La sinhueso de la rubia mantuvo un ritmo suave, daba círculos alrededor del clítoris ajeno y empujaba la punta en la entrada de la vagina, pero sin llegar a penetrarla. A veces sus labios daban chupetones, succiones lentas y calientes que combinaba con su saliva y pequeños besos. El sabor de Shuhua era… misterioso, no tenía un adjetivo para describirlo como tal, pero sí podía decir que le producía un cosquilleo por toda su espalda, una sensación adictiva. Tan adictivo como el placer que estaba sintiendo al saberse dueña de esas reacciones tan genuinas que la taiwanesa estaba mostrando; su ego se infló, estaba orgullosa de su buen trabajo, de lo que estaba consiguiendo.

Hacer disfrutar a Shuhua era algo que siempre había querido hacer, y no se refería simplemente a hacerle el amor. También quería hacerle reír, consolarla si se sentía triste, alejarla de cualquier miedo que tuviese, que se sintiese protegida, cuidada y tranquila entre sus fuertes aunque delgados brazos. La meta de Yuqi era que aquella mujer de mirada aniñada y voz suave y un tanto nasal, sintiese que estar a su lado era lo correcto. Para ella. Para las dos.

—Mh…— otro gimoteo escapó de los labios de la taiwanesa como respuesta a la presión que comenzó a sentir en su entrada. Yuqi había aprovechado la cantidad exagerada de fluidos que salían de la vagina de Shuhua para lubricar bien su dedo corazón con la intención de entrar en ella.
             —Si te duele dímelo, por favor— la china escuchó lo que pareció un ligero “si” desvaneciéndose entre jadeos, y entonces, en el momento en que metió la punta de su dedo hasta la mitad del mismo, su amante soltó un pequeño gritito que la detuvo en seco. —¿Estás bien?— volvió a preguntar, preocupada de que hubiese sido demasiado brusca —¿te he hecho daño?— Yuqi se incorporó un poco, solo para asegurarse de que el rostro de Shuhua no estaba desencajado por cualquier molestia importante que estuviese sintiendo entre sus piernas.
             —E-Estoy bien, solo… quédate así un momento— ella alargó los brazos esperando que la contraria entendiese que la quería abrazar. La menor necesitaba el peso y el calor de la rubia sobre ella para calmarse.

El silencio reinó en la habitación, interrumpido solo por jadeos y sonidos húmedos producto de los pequeños besos que se daban. Poco a poco, las paredes interiores de Shuhua se fueron acostumbrando a la intrusión, calmando la tensión; Yuqi pudo sentir aquello, pero esperó a que la morena fuese quien le diese el visto bueno para poder salir y probar de entrar una vez más.

En el momento en que la mayor retiró su dedo, la taiwanesa soltó un largo gemido que las sorprendió a ambas. Shuhua sintió sus mejillas arder y Yuqi percibió cómo su corazón daba un vuelco, emocionado y enternecido por la reacción tan natural y genuina de la menor.

Una sensación espesa y caliente comenzó a crecer dentro de la morena, quien se asustó al ver el dedo corazón de la rubia ligeramente manchado de sangre.

—¿E-Eso es normal?— ella intentó incorporarse, pero la otra mano de su amante empujó su hombro con suavidad, evitando así que se levantara.
             —Es normal, no te preocupes— la menor se sintió avergonzada, parecía una novata que no conocía nada sobre el sexo a pesar de haberse explorado un poco en ocasiones anteriores. Nunca había entrado, aunque sí había alcanzado el orgasmo tras varias caricias constantes y suaves en su clítoris. Le gustaba la sensación, pero tenía otras cosas más importantes que hacer que pensar en sexo, especialmente cuando no hacía mucho aún existía la duda de si acaso iba a salir viva del quirófano en cuanto le trasplantaran un corazón nuevo.

La rubia se perdió por unos instantes en los ojos profundos de la taiwanesa, vio un brillo hermoso de color caramelo, puntitos muy oscuros en aquel castaño fuerte de sus orbes, un castaño casi negro. El labio inferior de Shuhua temblaba, y pequeñas lágrimas amenazaban con una capa acuosa y transparente humedeciendo sus ojos. Las cejas de Yuqi bajaron en un gesto preocupado, pero la caricia maternal y dulce en una de sus mejillas y cómo esa misma mano de su amante acunó su rostro seguido de una sonrisa, le tranquilizó. La morena asintió, y entonces la rubia volvió a entrar.

Ella no dijo nada, se concentró en ir penetrando poco a poco a su amante con toda la delicadeza de la que disponía, con un cariño inmenso, una dulzura que nunca antes había expresado.

La primera vez que Shuhua habló con Yuqi, le dio la sensación de que esta última era una chica que no quería tener amigos, una bruta, una buscapleitos —se sintió mal al saber que no era la primera que lo pensaba, porque en cuanto encontró a la china sola en un rincón, leyendo un libro como único consuelo, pudo ver en su mirada que ella solo quería tener a alguien con quien compartir unas risas y pasárselo bien en días de lluvia que invitaban a ver películas y a comer pizza barata sacada de un congelador de supermercado. “Mis favoritas son las de jamón y queso” le dijo Shuhua aquella vez que se encontró a la china teniendo un dilema entre dos tipos de pizza “no soy muy fan de los toppings, prefiero algo clásico”.

La taiwanesa intentó excusarse al darse cuenta de que se había metido en algo que no era de su incumbencia, pero la rubia pronto la paró sujetándola de la mano. “Jamón y queso me parece bien… ¿q-quieres ver una película conmigo?”.

El sonrojo en las mejillas de la mayor era el mismo que la morena podía ver ahora mientras seguía acunando su rostro y rodeaba los hombros de la contraria con su otro brazo. De vez en cuando secaba las pequeñas gotas de sudor que perlaban la piel de su amante con el dorso de sus dedos, y le dedicaba pequeños besos que interrumpían los gemidos y jadeos que poco a poco iban sonando más agudos. La intrusión entre sus piernas ya no dolía tanto, se sentía más placentera a medida que iban pasando los minutos; penetraciones largas y muy lentas que llegaban hasta donde los dedos de Yuqi podían, un tope que ambas identificaban al momento de sentir los nudillos de la rubia contra la entrada de la morena. Primero fue un dedo, luego dos. Pronto esas falanges tomaron un ritmo constante, se movían con cuidado, delicadeza y suavidad, buscaban rozar lo más que podían las paredes internas de Shuhua, apretando la zona superior de esta en cuanto la china curvó un poco sus dedos.

Ambos brazos de la menor se aferraron al cuerpo contrario, también lo intentó con sus piernas pero solo lo logró con una, separando más la otra para darle más espacio a su amante. Se sentía feliz, todas las sensaciones agradables que alguna vez imaginó se habían concentrado en su pecho, haciendo que su corazón explotara de alegría. Sus latidos eran rápidos y a la vez acompasados, no se sentía cansada, pero si nerviosa e ida. El calor de Yuqi, pero, calmó cualquier rastro de temblor propio de estar experimentando algo nuevo que le provocaba tantas sensaciones a la vez.

Ninguna de las dos se paró a pensar en el tiempo que llevaban retozando en la cama, la mente de la taiwanesa se había apagado hacía rato, y la china solo quería escuchar más de aquella voz que gemía su nombre de manera tímida y se entrecortaba en cuanto buscaba aire.

Besos, abrazos, caricias, roces, más toques. Pronto la espalda de la menor se fue curvando con lentitud, y de su garganta salió un gemido largo y agudo, tan diferente a los demás que fue imposible para la rubia no sentirse excitada y feliz de haber logrado tal cosa. Ella, quien no tenía mucha más experiencia que Shuhua, había hecho que aquella mujer de carita suave y ojos brillantes alcanzara el orgasmo. Pudo sentir el placer recorriendo el cuerpo contrario por los arañazos que marcaron la piel desnuda de su espalda, y cómo su amante intentó gemir su nombre sin mucho éxito porque se refugió en morder su hombro tras algunos segundos manteniendo la espalda arqueada. Las piernas de la morena abrazaron la cintura de Yuqi y esta permaneció quieta en el interior de la contraria, moviendo aún sus dedos, pero sin tanto ímpetu.

Los espasmos que apretaban sus falanges le parecieron tiernos y atractivos, y toda ella tembló de emoción y excitación.

Para asegurarse de que alcanzara el orgasmo, la rubia había estado deslizando la yema de su pulgar contra el clítoris de la morena en movimientos circulares y constantes, movimientos que se sintieron deliciosos en la mente de la joven por la cantidad de fluidos que estaban humedeciendo sus labios íntimos y su vagina. Su cuerpo reaccionó a todas y cada una de esas atenciones, su vello se erizó de nuevo y sintió sus mejillas arder. Toda su cara quemaba, las orejas, la nuca, el pecho, su entrepierna. Y nunca pensó que tendría tanta fuerza como para aferrarse con tanto desespero al cuerpo de su amante en cuanto Yuqi le hizo ver las estrellas.

Los labios de la china dejaron un pequeño camino de besos que se paró entre los senos de Shuhua. Hicieron contacto una vez más con la notoria cicatriz, una marca que se sentía suave a pesar del relieve y su gran tamaño. Era una sensación extraña, Yuqi podía percibir un cariño diferente que salía de su propio corazón —quería proteger a esa mujer con todo lo que tenía, y se aseguraría de conseguirlo. De nuevo sintió los dedos de la contraria entre sus hebras doradas, a lo que la china abrió los ojos y buscó la mirada de la menor. Yuqi sonrió. Shuhua hizo lo mismo.

—¿Cómo te sientes?— irguiéndose hasta quedar de rodillas entre las piernas de su amante, la mayor apoyó con mucha suavidad una de sus manos contra el pecho de la taiwanesa y añadió un: —está latiendo muy rápido, deberías descansar— que dejó una expresión interrogante en el rostro de la morena.
             —¿Pero… y tú?— la diestra de Shuhua tomó la mano que yacía sobre su pecho, buscó entrelazar sus dedos.
             —Mi corazón está bien, no te preocupes—.
             —N-No, me refería a… ya sabes— su voz salió entrecortada, presa de la vergüenza y el no saber cómo expresarse —yo también quiero hacerte el amor—.
             —Oh, eso— las mejillas de Yuqi se colorearon y una sonrisa tierna curvó sus labios —podemos hacerlo luego, cuando te hayas recuperado—.
             —Pero…— la menor intentó levantarse, pero la rubia lo impidió de nuevo.
             —Nada de peros— la china gateó hasta tumbarse al lado de la taiwanesa, a la cual abrazó y apretó contra su cuerpo para poder sentir su calor, su olor y su presencia —tenemos todo el tiempo del mundo, ahora sí—.
             —¿Me lo prometes?— preguntó ella, queriendo asegurarse una vez más de que aquello no era un sueño.
             —Te lo prometo—.

FIN

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