jueves, 31 de diciembre de 2020

F.L.O.W.E.R | Capítulo 7


Buenas noches ositos polares, ¿cómo estáis?

El 2020 está a nada de terminar. Otro año más que se va, el cual no nos ha dejado demasiados buenos recuerdos; y hablando de malos momentos, CLC está pasando por uno bastante importante, pero he decidido seguir las palabras de Elkie y mantenerme fuerte, es por eso que vengo con un poco de fluff, para ver si todos nos animamos aunque sea por unos minutos.

¿Creíais que había dejado "F.L.O.W.E.R" apartado? De eso nada.

¡Disfrutadlo!

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VII
MAGNOLIA. INNOCENCE AND FEMININITY

Mesa 3. Menos mal que está lejos de la puerta, pensó Eunbin. La muchacha juntó ambas manos entre sus rodillas, intentando darse calor en ellas. El frío invernal azotaba de manera bruta a cualquier persona que intentara salir a la calle, y una vez la joven empezaba a sentir frío en sus manos o en sus pies, no importaba cuántas capas de ropa cargara encima, ella seguiría helada. La maknae se sintió mal por haberse dejado el par de guantes rojos que Seunghee le regaló el año pasado, por lo que se mantuvo callada durante todo el trayecto hacia el restaurante en el que se encontraba ahora junto a sus compañeras. Eunbin se sentía molesta consigo misma por ser tan sumamente despistada, por provocar el enojo en los demás por culpa de su propia torpeza. No lo hacía aposta, ¡nunca buscaba molestar a la gente! Pero no podía controlar ese “talento natural”.

En la punta de su lengua siempre había preparadas dos cosas: sus chistes malos y sus grititos que reclamaban comida, grititos que no se habían escuchado desde que la menor se percató de que se había olvidado de los guantes. Aquél silencio terminó por llamar la atención de las demás, obviamente, a lo que Eunbin hizo lo que mejor sabía hacer, poner excusas al tiempo que se peleaba consigo misma tratando de no tartamudear demasiado.

   —¿Eunbin, te encuentras bien?— Chonnasorn puso una de sus manos en su hombro, moviéndola un poco.
            —¿Hm? S-Sí, ¿por qué lo preguntas?— ya está, ya había empezado a tartamudear.
            —Estás muy callada, no es propio de ti— las palabras de la tailandesa hicieron que el resto de chicas miraran a la más pequeña, expectantes.
            —E-Es que creo que me he enfriado y estoy esperando a que el calor de aquí dentro haga su función—.
            —Ya, su función— Chonnasorn no pudo evitar sonreír al tiempo que Yeeun alzaba un brazo y llamaba la atención de un camarero.
            —¡Es verdad, unnie!—.
            —Sí, sí, te creo—.

A pesar de que la maknae mantenía la cabeza baja con la mirada fija en el borde de la mesa barnizada, esta podía sentir los ojos café de Seunghee mirándola con cierta preocupación. No, eso no era lo que la más alta buscaba. Eunbin no buscaba sentirse observada con ese tipo de atención, ella quería que la ex-líder la mirara con el mismo amor en sus ojos que aquél día que compartieron una cena a solas. La morena sintió que en aquella ocasión pudo conocer una nueva faceta de la mayor, una más delicada, más hermosa, más dulce, más íntima. Eunbin relamió sus labios y tragó saliva de manera disimulada aprovechando la intrusión del camarero para que las chicas se enfocaran en la comida y la dejaran tranquila.

   —Hoy es tu noche, Eunbin— mencionó Yeeun una vez el camarero se había ido —supongo que ya podemos decirle a qué se debe esta cena, ¿no?— la rapera miró al resto de compañeras, todas asintieron menos Seunghee, quien se escondió tras un vaso con agua solo para disimular un poco. Cuando los labios de la mayor se separaron del cristal, Eunbin y ella sonrieron de manera juguetona.
            —¿Decirme el qué?— la maknae disimuló hablando en un tono inocentón —pensaba que la cena era porque las promociones nos están yendo bien—.
            —En realidad, esta cena estaba preparada de hacía varios meses— confesó Yujin, quien se encontraba sentada a su lado —todas nos encontramos con que parecías distante y callada, y como sabemos que te gusta mucho comer, pensamos que salir a cenar todas juntas te iría bien para olvidarte de lo que sea que ocupa tu mente—.
            —Es que… hay muchas cosas en mi cabeza ahora mismo—.
            —Para eso estamos— siguió Yujin —para apoyarnos y explicarnos lo que nos preocupa o nos molesta—.

¿Qué tan loco podía ser el confesar sus sentimientos de buenas a primeras? No es tan fácil, se dijo, sabiendo que muy probablemente se pondría a llorar como una cobarde antes de poder siquiera abrir la boca para lo que realmente quería decir. La maknae suspiró de manera sonora y bajó los hombros, queriendo subirse el cuello de su jersey para cubrirse cuanto más mejor, y así desaparecer de ese mundo. Era una exagerada, lo sabía, pero nadie podía culparla, era la primera vez que sentía aquello por alguien y estaba ciertamente asustada de meter la pata y no poder arreglar las cosas. Eunbin peinó sus largos cabellos morenos hacia atrás y al momento de abrir la boca para soltar una pregunta comprometedora al aire, la comida llegó.

Quizás aquello había sido una señal del destino.

“Todo a su tiempo, Eunbin” le hubiera dicho Seunghee.

Cuando la comida llegó, la mesa se llenó de varios entrantes entre los cuales destacaban platillos como kimchi, manduguk, kimbap, bulgogi, japchae y galbitang; no obstante, el producto estrella eran las langostas y el bogavante que el camarero dejó en el centro de la mesa. Varias porciones de cangrejo y otros crustáceos acompañaban la gran bandeja plateada y el restaurante incluso invitó a las chicas a unas consumiciones porque estas afirmaron que esa noche era una noche muy especial. De acuerdo, Eunbin sabía lo que Seunghee le había contado durante aquella cena, pero estaba comenzando a pensar que no se lo había contado todo. ¿Se iba a enfadar por eso? En absoluto. Le encantaban las sorpresas.

Aquella mirada melancólica que solía destacar en el rostro de Seunghee cuando esta miraba por la ventana, volvió a aparecer, lo que llamó la atención de Eunbin. La maknae terminó mirando en la misma dirección, curiosa y a la vez preocupada por si ahí fuera había algo o alguien tan o más importante que una cena con las integrantes de su grupo; la joven no vio nada, menos aun cuando Tingyan tomó la pequeña maza de madera y empezó a golpear con énfasis una de las gruesas pinzas del bogavante para abrirla y poder comerse el interior de esta. Tanto Eunbin como Seunghee dieron un salto de su silla, incluso Yeeun se asustó, con tanta mala fortuna que el pequeño pedazo de kimchi que sostenía entre sus palillos salió disparado en dirección a Seungyeon. El rostro de la bailarina quedó mojado en salsa de color rojo y ni siquiera Seunghee pudo evitar no reírse por la expresión asustada y confusa de la contraria.

Fue como una reacción en cadena, una vez una empezó a reír, todas lo hicieron. A Eunbin le encantaba cuando la castaña explotaba en risas; su voz grave la llenaba de una calidez para la cual no tenía palabras, y todas las demás parecían sentirse igual de seguras y tranquilas cuando la mayor de todas simplemente se abría más y dejaba entrever los dejes de aquella pequeña niña que seguía correteando y chillando en su interior, emocionada y divertida por cualquier broma o tontería.

   —Hey, ¿y si hacemos una competición para ver quién puede beber más?— preguntó Seungyeon en un tono bastante animado —ahora que Eunbin ya es toda una adulta ella también puede participar, que entre por la puerta grande—.
            —¡Quiero participar!— la mencionada no tardó en aceptar la propuesta, emocionada al ver que, poco a poco, las demás dejaban de llamarla niña y otras palabras similares.
            —¿Estás segura de esto?— Seunghee tomó su vaso de cerveza y lo llenó prácticamente hasta arriba, vertiendo un poco más de alcohol cuando la espuma se disipó —dudo que tengas mucho aguante si no has bebido nunca antes. ¿Y si te lo tomas con calma?— el comportamiento tranquilo y maternal de la mayor hizo que las demás bajaran un poco su tono de voz.
            —Estaré bien, ¿qué es lo peor que puede pasar? ¿Qué me quede dormida en la mesa?— la maknae soltó una de sus notorias carcajadas al tiempo que intentaba sonar divertida.
            —Que vomites sobre algo, o peor aún, sobre alguien— respondió la mayor sentada frente a ella, el rostro de Eunbin se ensombreció por unos instantes.
            —Vamos unnie, no seas tan dura con ella— Chonnasorn rodeó los hombros de la maknae y la sacudió un poco para que no pensara demasiado en lo que había dicho Seunghee —está con nosotras, vigilaremos que no se exceda, ¿de acuerdo?—.

La ex-líder suspiró, acercando el vaso lleno de cerveza hasta la menor de todas.

   —¿Puedes prometerme que no pasará nada malo?—.
            —Lo prometo, unnie, solo quiero divertirme con vosotras y demostrar que ya no soy una niña— la joven miró el líquido de color dorado y espumoso, alzando la cabeza para mirar en todas direcciones —¿vais a beber todas conmigo, verdad?—.
            —Por supuesto— Seungyeon alzó su pequeño vaso lleno de soju y sonrió —cuando tú estés lista, vamos a brindar todas por esta noche tan especial—.
            —Estoy lista—.

Nadie le había dicho que la cerveza le iba a saber tan amarga, o que el soju quemaría tanto su garganta, o que el vino picaría en su lengua como si tuviera alergia a este. Eunbin pensó de manera errónea —o quizás debería decirse inocente— que todas las bebidas eran como el agua o como uno de aquellos cafés dobles con caramelo que se tomaba por las mañanas después de dar uno de sus paseos matutinos cuando las demás todavía estaban durmiendo. Quizás debería aprender a diferenciar lo que a ella le parecía que iba a pasar con la realidad que ahora la golpeaba en forma de muecas incontrolables en su rostro.

Las demás se reían por sus reacciones tan sinceras y lo mal que lo estaba pasando la menor, siempre de buena fe, obviamente.

   —¿El alcohol siempre ha sabido tan mal?— preguntó la maknae todavía con la nariz arrugada y el ceño fruncido —mis orejas queman, qué sensación tan extraña—.
            —Yo ya te advertí de que no te iba a gustar— respondió Seunghee con el borde de su copa en los labios, rozándola de tal modo que su aliento cálido empañaba el cristal por unos instantes —tampoco hace falta que sigas sufriendo si no te gusta beber, no a todo el mundo le gusta el alcohol, mira a Yeeun, por ejemplo— la mencionada alzó la cabeza, mirando a las demás con las mejillas llenas de comida.
            —¿Qué pasa conmigo?—.
            —Tú solo di que sí— continuó Seunghee.
            —Sí— la diestra de la vocalista se puso sobre la cabeza de la rapera y le dio unos cuantos toques como si Yeeun fuera un cachorro.
            —Unnie, ¡para de hacer eso!— el restaurante pareció quedarse en silencio cuando un chillido agudo escapó de la garganta de Eunbin. Los comensales miraron unos instantes hacia su dirección, regresando prontamente a lo suyo. Cuando el murmullo de gente comiendo y charlando volvió a escucharse en el ambiente, la maknae volvió a hablar —no hagas eso—.
            —¿El qué? ¿Qué ocurre?—.
            —Creo que está un poco borracha— susurró Seungyeon, preocupada por atraer miradas de más —quizás deberíamos irnos a casa— Seunghee asintió con la cabeza; las demás la siguieron.
            —Vosotras no— la mayor de todas señaló a Yeeun y a Tingyan, acercándose a ellas para hablar con un tono de voz más bajo —quedaos aquí, así disimulamos y no parece sospechoso que de repente nos vayamos todas. Disfrutad de la comida— una suave sonrisa maternal adornando los labios de la castaña quitó cualquier preocupación del rostro de Yeeun, quien se calló lo que iba a decir.

El viaje en taxi de regreso al apartamento fue un desastre, Eunbin no dejó de repetir que el conductor maniobraba como un loco y que las acciones de Seunghee no eran las correctas para una mujer como ella. La vocalista no podía estar más confundida. Además, hubo varias amenazas de vómito que solo consiguieron poner más nervioso al pobre hombre que permanecía aferrado al volante. No obstante, el peor momento fue cuando la morena ya no pudo más y explotó en llanto, chillando como una niña pequeña que permanecía confundida por mucho que intentara buscar una salida a sus problemas.

   —¡Unnie es una estúpida!— gritó Eunbin cuando consiguió poner ambos pies fuera del taxi; Seunghee y Yujin le ayudaron tomando cada una un brazo.
            —Sí, sí, soy una estúpida— la vocalista no sabía qué decir exactamente, así que pensó que darle la razón a la más alta ayudaría a que todo aquél drama terminara antes —no sé por qué, pero lo soy—.
            —No puedes engañar a Yujin unnie, y menos frente a ella—.
            —¿Perdón?— el rostro sorprendido de la mayor podía verse incluso en la oscuridad del apartamento —Eunbin, no sé de qué me hablas—.
            —Tú y ella estáis saliendo, ¿verdad? Os escuché la otra noche— Yujin y Seunghee se miraron totalmente confundidas y permanecieron en silencio hasta que la primera llegó a la conclusión de que todo había sido un malentendido.
            —Si te refieres a la noche en la que Seunghee se quejaba como una desesperada en mi habitación, es porque no aguantó demasiado bien los masajes—.
            —¿Masajes?— la maknae descubrió su rostro que mantenía cubierto con la almohada y abrió los ojos, acostumbrándose poco a poco a la luz de su habitación. Las tres habían tenido problemas para que la menor de ellas colaborara y se tumbara en la cama.
            —¿Te acuerdas que en nuestros últimos ensayos Seunghee se quejaba de dolor de espalda? Vi un video en el que se presionaban ciertos puntos para que el dolor desapareciera, pero creo que no lo hice bien y por eso le hice gritar, o quizás es que ella es muy blanda—.
            —¡Oye! En serio me hiciste daño, pensaba que a la mañana siguiente no podría levantarme de la cama—.
            —Vamos, no seas exagerada, solo te hice crujir los huesos— Yujin se alzó de hombros al tiempo que sonreía.

Un pequeño gimoteo escapó de los labios de Eunbin, lo que atrajo la atención de ambas. La bailarina fue la primera en hablar.

   —Os dejaré solas— Yujin se levantó de la cama y al llegar al umbral de la puerta se giró en dirección a la mayor —hablamos mañana, ¿de acuerdo? Regresaré con las chicas— Seunghee solo asintió con la cabeza.
            —Entonces…— la tierna y dulce voz de Eunbin llamó la atención de la vocalista, quien volvió a girar el rostro hacia la menor —…¿lo entendí mal?—.
            —Absolutamente—.
            —¿Me puedo morir?— el tono adormilado de la morena y su lengua pegada al paladar a causa del alcohol dificultaban un poco el que la mayor pudiera entender sus palabras —qué vergüenza…— y como Seunghee supuso, después de la alegría y el enfado, vino el llanto, esas lágrimas y sollozos incontrolables que se acabaron transformando en bramidos parecidos a los de una niña pequeña a la que se le había caído el helado al suelo y lloraba desconsolada.
            —Tranquila mujer, no llores—.
            —¡Soy una inútil, una estúpida!—.
            —Eunbin, todo el mundo se puede equivocar—.
            —Pero no todo el mundo cree que sus compañeras de grupo están saliendo para que en realidad todo se tratara de un estúpido masaje—.
            —No fue estúpido, en serio sentí que me moría— Seunghee intentó bromear, pero la reacción de la maknae, quien se puso a llorar a moco tendido, hizo que el rostro de la vocalista se desencajara en una expresión de puro pánico —¡l-lo siento Eunbin, estaba intentando bromear!— a la ex-líder se le daba bien tratar con bebés siempre y cuando estos fueran del tamaño de Sebin. No obstante, no era muy buena cuando los bebés median metro setenta y podían comunicarse con fluidez.

Entonces, cuando la maknae comenzó a calmarse, esta se escondió en el pecho de la castaña, empujándola con la inercia de su cuerpo para que se quedara con ella en su cama. Lo único que pudo hacer Seunghee fue acariciar los cabellos de la contraria y sonreír enternecida por toda la situación en general.

            —Sigues siendo una cría— susurró, aprovechando que la morena seguía sollozando y aquellos bramidos cubrían las palabras de la ex-líder —y por eso me gustas tanto—.

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