domingo, 7 de junio de 2020

Cold Ghost | OneShot


Buenas tardes panecillos con semillas, ¿cómo va todo?
El francés es un idioma tan difícil... los verbos me van a matar un día de estos, os lo bien aseguro.

Sin embargo, no estoy aquí para lamentarme de lo pésima que soy para estas cosas, sino para dejaros un pequeño regalo: uno de mis primeros OneShots (no miréis el nombre de autora que usaba en ese momento, qué vergüenza). La historia de cómo se me ocurrió escribir "Cold Ghost" es un tanto curiosa. Mi amada y querida Lexy me hizo la portada, confundiendo a Sunny con Tiffany (éste OneShot iba a ser TaeNy en un principio), pero debido a que me gustó mucho cómo quedó la portada, decidí cambiar algunas cosas de la historia y convertir este OneShot en un SunYeon.

Así pues, heme aquí, con una historia recuperada de mi biblioteca de viejos escritos, corregida y actualizada para todos vosotros.

¡Disfrutadlo!

Título: Cold Ghost
Parejas: Taeyeon x Sunny
Tipo: Yuri
Género: AU | Romance | Drama | Sobrenatural
Advertencias: —
Notas: Es un escrito de hace más de cinco años. He intentado corregir cualquier incoherencia y faltas de ortografía que hubiera escrito en esa época pero me disculpo de antemano por si se me ha escapado alguna.

¿Quieres leer? Dale a...

COLD GHOST

La primera vez que la vio, llovía. Llovía mucho. Ese día caía uno de esos chaparrones de los que no podías escapar por mucho que intentaras resguardarte de la lluvia. La siguió con la mirada, era hermosa, parecía que se hubiera parado el tiempo durante el instante en el que esa muchacha corrió delante de ella al otro lado de la cafetería. Era un día gris, frío, aburrido... Uno de esos días que obligan a las personas a sentarse en el sofá con una manta y a disfrutar la tarde viendo películas. Pero a Taeyeon no le gustaba quedarse en casa, a ella le encantaba salir y quedarse por largo rato en esa cafetería.

Era un lugar agradable y familiar donde servían un café mocha delicioso y cocinaban unos croissants de azúcar y chocolate famosos en todo el barrio. Su perdición se resumía en esas dos cosas. Además, las paredes estaban decoradas con los premios que la hija del matrimonio, amos de la cafetería, había ganado con su grupo de música y a la castaña le encantaban sus canciones.

En poco tiempo Taeyeon se había convertido en la clienta predilecta de ese lugar, sentía que ese sitio era como su segunda casa. Un hermoso lugar para poder relajarse y escribir esas historias locas que se le ocurrían cuando miraba a la gente pasar por la calle. Pero esa mañana sus ojos solo habían captado la figura de aquella misteriosa joven.

Sus ojos, pintados de negro, lloraban lágrimas espesas que contrastaban de manera cruel con su vestido blanco. Parecía una novia que huía de un amor no correspondido o que huía de una eterna espera, sola, entendiendo que su príncipe no iba a venir.

Era la primera vez que la había visto y la primera vez que sintió como su sangre se helaba. Iba a quedarse más tiempo viendo el gran ventanal lleno de gotas pero el brazo de la dueña del lugar se interpuso en su vista y sus ojos oscuros acabaron teniendo contacto con los de la mayor.

   —¿Usted ha visto a esa chica?—.
            —Siempre corre en la misma dirección, dicen que es un fantasma—.
            —¿Un fantasma?— se puso a reír por lo bajo —los fantasmas no existen—.
            —Eso creo yo también, pero mucha gente asegura que lo es. Se ve que se deja ver para que alguien caiga en su trampa y se lo pueda llevar con ella al más allá—.
            —¿En serio?— Taeyeon se concentró tanto en esa historia que comenzó a darle vueltas al café sin haberse puesto el azúcar. Su cara para intentar disimular el mal sabor no tenía precio. —Me pica la curiosidad, quizás debería ir tras ella para ver si me roba el alma—. Se puso a reír, contagiándole dicha acción a la mujer.
            —Hablando de otras cosas, mañana viene nuestra hija, ¿quieres que le pide algo?—.
            —Me gustaría su último álbum firmado. No he tenido tiempo de comprarlo, y si me deja elegir me conformaría con eso—.
            —¿Solo eso? Eres como de la familia, Taeyeon. Puedes pedirle algo más si quieres—.
            —En serio, con eso me conformo, y de sobras. Pero igualmente, gracias por la oferta—.

***

A este paso nunca conseguiría irse. Lloraba sin consuelo y parecía que la gente que captaba su presencia se lo tomaba como un juego. ¿A quién quiero engañar? Nunca vendrá mi príncipe azul... Se tapó el rostro con ambas manos y lloró más fuerte, creando un horrible pitido en los oídos de la gente que no podían verla. La terrible sensación de sentir su piel fría y su ropa mojada se repetía infinitamente, sin poder parar la lluvia que la vestía incluso en los días de pleno sol. Condenada para siempre...

***

Taeyeon pasó dos horas dentro de la cafetería, incluso se habría quedado más tiempo si su ordenador no hubiera pedido una fuente de batería. Por suerte o por desgracia, el cable se había quedado en casa así que decidió volver a su pequeño apartamento para terminar su trabajo allí. Pagó el desayuno y se despidió como siempre con una gran sonrisa en su rostro. La joven se quedó bajo el toldo varios minutos y bufó molesta, llevaba paraguas, como siempre, pero no le gustaban los días lluviosos.

La gente que se veía por la calle iba en busca de refugio o conducían sin cuidado, logrando que el agua de los charcos salpicara por todas partes, Taeyeon gritaba a cada automóvil que pasaba, más no la podían escuchar.

   —¡Qué maleducada y descuidada es la gente! Será que con este paraguas blanco no se me ve... ¡Pero si es más grande que yo!—.

Se paró en un cruce, esperando a que el semáforo cambiara su color a verde para los peatones. Observó la ciudad, realmente parecía un lugar fantasma, casi sin gente y teñida de gris... Y a lo lejos estaba ella, sentada en un banco del parque, llorando con el rostro escondido contra sus manos y mojada de la cabeza a los pies. La castaña se frotó los ojos, no sabía si era producto de su imaginación o si realmente esa chica tenía una leve aura alrededor suyo que le hacía brillar como si fuera un ser de otro mundo.

Taeyeon cambió su ruta, cruzando la calle para entrar al parque y acercarse lentamente a la hermosa chica que había pasado frente a ella por una fracción de segundo. Se puso la capucha y movió su paraguas, tapándola; aquello hizo que automáticamente la misteriosa morena levantara su vista asustada. Se miraron, una sonreía, la otra sollozaba.

   —Cogerás un resfriado si te quedas tanto rato bajo la lluvia— no contestó —¿cómo te llamas?—.
            —Soonkyu…—.
            —Me gusta tu nombre, es bonito—. La castaña le dedicó una sonrisa y se acercó un poco más a ella, haciendo que el paraguas lograra tapar a las dos. —Yo me llamo Taeyeon, encantada. ¿Dónde vives? Te acompañaré—.
            —En ningún sitio...— se levantó y le dio un leve golpe en el hombro, haciendo que se girara y la observara correr de nuevo.
Taeyeon tragó saliva, no sabía si perseguirla o volver a casa. Según la señora Choi... cada día corre por allí. ¡Mañana la esperaré fuera! Sonrió y decidió regresar, darse una buena ducha y disfrutar de la tarde haciendo zapping.

***

Soonkyu llegó al mismo lugar de siempre, allí donde su cuerpo podía reposar mejor, un lugar escondido entre los arbustos del bosque que se alzaba en la parte norte. Miró su reflejo en un charco, se veía triste. Sus manos se sentían tan frías como el hielo, sus labios podían quemar a causa del gélido aliento que se colaba entre estos y su ropa pegada a su cuerpo solo le daba un aspecto todavía más lastimero. Sus cabellos goteaban de manera constante y su maquillaje parecía no tener fin. ¿Por qué le había pasado a ella? ¿Qué había hecho para terminar así? Su cuello dolía y esas marcas moradas sobre su piel no iban a desaparecer nunca a menos que consiguiera su "pasaporte" para irse.

Tragó saliva de manera pesada, le dolía. La muchacha tiritaba bajo un árbol rodeado de arbustos mal cuidados. Ella era la causa de que las plantas muriesen a su alrededor, ella misma, ahí, sentada entre la hierba alta y las hojas secas, era una de las caras de la muerte. Nunca pensó que lo que le contaron fuera cierto, ¿realmente necesitaba robarle “eso” a alguien para poder descansar en paz? Volvió a taparse el rostro mientras lloraba desconsoladamente, provocando que un perro que pasaba por ahí terminara gimiendo de dolor. A este paso, lo único que conseguiría la joven sería que el animal explotara por dentro.

***

A la mañana siguiente, Taeyeon no entró en la cafetería; la joven se quedó frente a la puerta, esperando en la calle con una expresión que denotaba preocupación. Su mirada nerviosa y los constantes golpecitos contra el suelo con la punta de su zapato derecho la mantenían en alerta, mirando de manera constante en ambas direcciones hasta que la vio. ¡Ah! Ahí está... La castaña se mordió el labio inferior. Su corazón dio un salto; por alguna extraña razón esa chica le hacía sentir una calidez en su pecho que nunca antes había notado. Taeyeon tragó saliva y cuando Soonkyu pasó por su lado le agarró la muñeca, sintiendo un frío tan extremo que quemó su palma y le obligó a apartar la mano.

               —¡Ah!— la muchacha miró su mano aferrando con fuerza su propia muñeca.

La contraria la miró sin decir nada, solo lloraba y vestía la misma ropa mojada de ayer. Taeyeon pensó que si la llevaba así era por la lluvia del día anterior, pero ésta ya tendría que haberse secado. ¿Acaso ha caído en algún sitio con agua? La castaña movió rápidamente su mano para que no doliera tanto.

   —¿P-Por qué estás tan fría...? ¿Estás enferma?—.
            —¿Por qué me agarraste?—. Apartó la mirada clavándola en el suelo.
            —Soonkyu, quiero conocerte un poco más—.
            —Si hablas conmigo te haré daño—. La castaña, al no creerse sus palabras, se acercó a ella y le tocó el brazo, quemándose de nuevo —...¿ves?—.
            —¿Pero por qué estás tan fría?—.
            —La gente a la que le hacen daño... acaba matando a quienes están a su alrededor... Apártate de mí—.
            —Me estás asustando—.
            —¡Simplemente apártate! Es por tu bien—.

Ignorando el dolor en su mano, Taeyeon agarró de nuevo la muñeca de Soonkyu y la arrastró hasta el callejón más próximo para tener un poco de intimidad. El lugar era sombrío pues ahí nunca tocaba la luz del sol; sin embargo, podía ver perfectamente cómo la chica estaba brillando. No puede ser. La joven tragó saliva y sopló su palma quemada, mirando a la morena de ojos tristes al tiempo que le sonreía para intentar reconfortarla ni que fuera un poco.

   —No voy a hacerte nada malo, pero de alguna manera me atraes—.
            —¿T-Te atraigo?—.
            —Espera, creo que me he explicado mal. Me refiero a que me gustaría ser tu amiga—.
            —E-Eres una chica muy rara...—. Se secó las lágrimas aunque continuó sollozando durante un buen rato.
            —Eso dicen— sonrió. —Me han dicho que siempre corres por aquí, ¿por qué siempre lloras? ¿Hay alguien que te moleste? ¿Puedo ayudarte? ¿Por qué estas goteando? ¿Por qué brillas? ¿Por qué me he quemado?—.
            —¡No me hagas tantas preguntas a la vez!—. La chica se arrodilló al suelo, tapándose los oídos.
            —P-Perdona— Taeyeon se arrodilló junto a ella, acariciándole la mejilla con el dorso de su índice, sintiendo como el roce quemaba toda su piel.
            —Te vas a quemar— la morena se apartó un poco. —Deja de tocarme, solo te haré daño—.
            —Soy tu amiga, quiero ayudarte—.
            —Yo aún no he aceptado tu propuesta de amigas...—.
            —Acéptala— le agarró ambas manos y la levantó, poniéndola de pie. —Realmente quiero que seamos amigas. Todavía no tengo un porqué muy definido pero quiero serlo—. Taeyeon curvó sus labios y dejó de agarrarla —aunque me preocupa que quemes y…—.
            —Debo irme—.
            —¿A dónde?—.
            —Lejos—.
            —¿Puedo acompañarte?—.
            —No... Debes recoger un álbum firmado en la cafetería de al lado, ¿verdad?—.
            —¿Cómo sabes...?—.
            —Supongo que las amigas saben estas cosas—. De sus ojos volvió a caer una lágrima de color negro, sin embargo, ésta vez fue recogida en la palma de Taeyeon antes de que pudiera tocar el suelo y desaparecer.
            —Espera, ¿eso quiere decir que aceptas ser mi amiga?—.
            —Supongo que sí—.

La castaña iba a abrazarla pero Soonkyu se separó rápidamente de ella, negando con la cabeza. La muchacha de cabellos negros huyó sin decir nada más, levantando un poco su mojado vestido blanco para no tropezar. Taeyeon la miró alejarse hasta que sintió un leve peso en su palma derecha. Era la lágrima, convertida en hielo negro. Increíble... La observó desde todos los ángulos mientras se acercaba a la cafetería y se sentaba en la mesa de siempre. No llevaba su portátil para seguir escribiendo pero esa lágrima podía incluso entretenerla más que sus propias historias.

   —¡Dios mío!— la dueña de la cafetería agarró las manos de Taeyeon y la arrastró hasta el baño. —¡¿Pero qué te ha pasado?! Eso tiene que dolerte mucho...—. Buscó el botiquín y vació sobre esas pequeñas manos una botella entera de líquido contra las quemaduras, vendando ambas manos después.
            —Ahora parezco una luchadora de boxeo—. Sonrió la castaña, cerrando las manos en puño.
            —¿Me puedes explicar qué te ha pasado?—.
            —Me quemé, eso es todo—.
            —P-Pero... parece reciente—.
            —Lo es. Antes de venir aquí estuve ordenando cosas en el congelador y se me ocurrió coger el hielo sin protección. Se me pegó en la piel y me quemó, no hay más secreto—.
            —¿Segura?—.
            —Segura, señora Choi—.
            —Oh, tengo algo para ti—. La mujer sacó de debajo de la barra una pequeña bolsa de plástico y se la dio. Dentro de ésta se encontraba el álbum de música que había pedido Taeyeon.
            —¡Está firmado por todas!—. Sus mejillas se tiñeron de un rojo intenso por la emoción del momento.
            —Se ve que mi hija les dijo que eras especial para nosotros y todas decidieron firmar—.
            —¡Genial! Ahora tendré la discografía completa. ¡Muchísimas gracias!— sonrió.

Mientras esperaba su pedido, la castaña observó la lágrima que se había solidificado. Ésta era de color negro. Taeyeon se percató de que la madera de la mesa poco a poco cedía al frío que la lágrima emanaba, dejando una pequeña marca redonda en la superficie del mueble. La muchacha la tocó, sintiendo un leve chispazo en la punta de su dedo índice, más no le importó. De alguna manera ya se había acostumbrado a esas quemaduras, aunque seguía teniendo demasiadas dudas al respecto.

***

Soonkyu se sentó en el mismo lugar de siempre, apoyando su espalda contra un árbol que ya había cedido a su temperatura y había muerto sin más. Congelado, su tronco lucía oscuro, teñido de negro y podrido por dentro. Suspiró y escondió su rostro entre las rodillas, abrazándose las piernas.

   —Qué raro, no estás llorando como siempre—. La bajita levantó la cabeza asustada, no le gustaba esa voz. No le gustaba esa chica.
            —¿Qué haces aquí... Miyoung?—.
            —Iba a reírme de ti como siempre pero veo que hoy no puedo. Deberías estar llorando—.
            —Quiero dejar de llorar—.
            —¿Crees que esa chica cederá a tu trato?—.
            —Cállate—.
            —Sé realista, tu cuerpo y tu alma no son nada más que fruto del tiempo que te queda de vida para conseguir ascender. No creo que lo consigas—.
            —¡Cállate! Deja de molestarme—.
            —¿Molestarte?— Se arrodilló a su altura. —¿Recuerdas cuando prometimos no separarnos nunca?— Soonkyu no contestó —tu silencio te delata. Lo tenías todo planeado desde el principio, ¿verdad? Quedarte con ella mientras tu hermanastra moría de asco, enterrada en un lugar de mierda—.
            —¡Déjame!— Se tapó los oídos, sollozando otra vez.
            —Soonkyu, Soonkyu, Soonkyu... La venganza es un plato que se sirve frío pero... Creo que el hielo que personificas tú, cederá cuando mi fuego lo toque—. Miyoung sonrió y acercó el índice hasta el brazo de la morena, trazando una línea recta con su uña que terminó en llamas.

La chica de vestido blanco comenzó a golpearse el brazo, intentando que las llamas se apagaran. Le dolía mucho, era débil contra ella, siempre lo había sido, incluso después de que ocurriera todo aquello seguía teniéndole miedo. Gritaba mientras lloraba, sus lágrimas caían en forma de trocitos pequeños de hielo sobre las llamas. Le pidió que parase, que apagara ese fuego. Miyoung sonrió, soplando un viento frío que evaporó el fuego.

   —Fíjate, marcada por la persona a la que mataste, ¿no te parece irónico?—.
            —Déjame en paz...—.
            —Ahora tu querida amiga ya no te querrá, ya no eres perfecta Soonkyu—. Se levantó y tiró de sus cabellos para que la mirara. —¡Nunca conseguirás salir de este mundo! ¡¿Entiendes?!—.

Los gritos de la pelirroja interfirieron en el funcionamiento de todo aparato electrónico cercano y destrozó los cristales que se encontraban no muy lejos de su posición. Taeyeon no era la excepción, ella también estaba oyendo ese horrible sonido que perforaba sus tímpanos y lanzaba una lluvia de pequeños vidrios sobre ella y el resto de clientes que se encontraban dentro de la cafetería. Se tapó los oídos tras guardar la lágrima dentro del bolsillo de su chaqueta y salió de allí, buscando algún refugio que evitara que se desmayase del dolor.

La gente caía inconsciente, algunos con sangre saliendo de sus oídos, otros de su nariz. Los perros mordían algunos de los cuerpos o se peleaban entre ellos. Taeyeon apretó fuerte los dientes y gritó, notando como el sonido bajaba de presión al soltar toda su voz. Se estuvo así un buen rato, hasta que sintió como poco a poco parecía que todo iba volviendo a la normalidad. Apoyó la espalda contra la pared y recuperó el aliento. El paseo central de Seúl, silencioso y lleno de cuerpos por el suelo, algunos inconscientes y otros directamente muertos. Tragó saliva y regresó a la cafetería, pisando dentro de esta una profunda capa de cristales que vestían el suelo de diferentes colores por el reflejo del sol.

   —¿Señora Choi?—. La buscó detrás de la barra, viéndola tirada en el suelo, moviendo una mano levemente. —N-No se preocupe, llamaré a una ambulancia—.

De manera temblorosa agarró su móvil y marcó el número de emergencias. Su voz sonaba rota, asustada. Minutos después de lo sucedido, su cerebro comenzó a reaccionar, mostrándole uno de sus peores miedos: la sangre.

***

La pelirroja dejó de tirarla del pelo y se apartó de ella, sonriendo con malicia antes de crear una pequeña llama en la palma de su mano derecha y acercarse con cara de pocos amigos hasta Soonkyu.

   —¿Qué pasaría si Taeyeon descubriera que su querida nueva amiga es en realidad un fantasma de hielo? ¿Qué pasaría si te viera con la cara quemada?—.
            —¡Basta Miyoung! ¡Déjame!—.
            —¿Quieres que te deje en paz?—.
            —¡S-Sí! Haré lo que quieras pero no me hagas más daño, por favor...—. Se tapó el rostro y comenzó a llorar otra vez.
            —Lo que quiera, eh—. Cerró el puño, apagando las llamas. —No te acerques más a esa chica. No te mereces la felicidad después de robarme la mía—.
            —¡N-No fue mi culpa! ¡Fue un accidente!—. La pelirroja agarró su muñeca y la apretó fuerte, provocándole quemaduras. —¡Para! ¡Miyoung eso me duele!—.
            —¿Sabes lo que llegué a sufrir al ver que te quedabas con ella? ¡¿Lo sabes?! ¡¿Eh?!—.
            —¡Perdóname! ¡Lo siento mucho, en serio!—.

La soltó mientras veía con frialdad cómo lloraba asustada. Miyoung se fue sin decir ni una palabra, ella tenía a otra persona a la que robarle el alma, una tal Sooyeon que había caído en sus encantos. La pelirroja sonrió y desapareció de la vista de Soonkyu en un espiral de llamas que terminó de matar a las plantas que la morena había congelado antes con su presencia.

***

Taeyeon abrió los ojos desorientada. Con algo de dificultad se quitó la máscara de oxígeno y se sentó en la cama; parecía que la muchacha había acabado desmayándose. Tragó saliva y observó los cuerpos que descansaban en la misma habitación de hospital. Miró a la señora Choi. Al otro lado tenía un hombre que también solía ir cada día en esa cafetería; podía decirse que la pequeña familia que los clientes habían creado en ese lugar seguía reunida incluso en el hospital.

   —Dicen que tardará en despertar—. Una voz le hizo saltar de la cama, mirando de nuevo hacia la dueña del local. Era su hija. —No sé como agradecerte que llamaras a una ambulancia—.
            —No hace falta que agradezcas nada—. Sonrió, moviendo las manos en señal de negación. —¿Eres Choi Sooyoung verdad? La líder de Perfect June quiero decir—.
            —La misma, ¿y tú eres...?—.
            —Me llamo Taeyeon. Kim Taeyeon—.
            —¿Tú eres la chica que pidió el álbum firmado?—.
            —Sí— se sonrojó un poco. —¿Sabes? Siempre había querido conocerte— volvió a sonreír.
            —¿Siempre sonríes?—.
            —Eso intento—.
            —Gracias, en serio—.
            —No es nada mujer, cualquier persona lo habría hecho—.

***

Pasó tres días allí, acurrucada contra el mismo árbol de siempre, notando su ropa incluso más mojada que de costumbre. Su mirada se perdía junto a las hojas secas que tenía cerca de ella; la joven terminó tumbándose con la mejilla izquierda contra el suelo, tocando la tierra fría y la hierba muerta alrededor de esta. Soltó un suspiro que congeló al instante la hierba que corría entre sus dedos. Poco después se levantó, viendo como la tierra y suciedad que se había pegado en su ropa caían en forma de pequeños trozos de hielo.

Soonkyu caminó hasta lo más profundo del bosque, poniendo siempre las manos en los mismos troncos, los cuales ya tenían una marca profunda en la corteza. Llegó al lago, ese lugar que siempre la atraía a pesar de ser el responsable de su muerte; acto seguido miró al cielo, llovería dentro de poco.

   —¡Oye! ¡Es peligroso estar ahí!—. Un hombre que paseaba por la zona juntamente con su perro se acercó a Soonkyu, viendo como esta se tiraba al lago. —¡Eh!—.

Nada más el hombre puso un pie dentro del agua, sintió una quemadura intensa en su tobillo y una fuerza invisible que lo arrastró hasta lo más profundo del lago. Del susto y la falta de aire, se ahogó en menos de un minuto. Su perro no tardó en estar en las mismas condiciones que su amo, mientras la morena lloraba mirando el cielo, dejando que su cuerpo flotara en el agua. Lo siento... No tenía fuerzas ni para susurrar las palabras. Robar almas era su pasaporte para seguir en el mundo de los vivos. No podía ascender ni tampoco bajar al supuesto infierno. Su crimen era haber matado a Miyoung, encerrándola en una habitación rodeada de llamas.

Los fundamentos del edificio y el mismo fuego fueron la causa de que la chica muriera quemada y seguidamente aplastada por el techo del lugar. Fue una locura, una venganza que Soonkyu fue planeando desde el primer día en el que Miyoung la molestó. Su hermanastra acabó como ella quería, muerta, pero nadie le dijo que su espíritu vengativo volvería a por ella y la ahogaría en el lago donde jugaron cuando eran pequeñas.

***

Taeyeon solo sufrió heridas leves por lo que fue de las primeras personas afectadas que pudo salir del hospital. Esperó día tras día frente a la cafetería medio derrumbada, sentada en el suelo con la espalda apoyada en la esquina donde empezaba ese callejón oscuro. Soonkyu no apareció en una semana, se preocupó, tenía miedo de que estuviera muerta. ¡No pienses esas cosas! Estará bien, seguro. Levantó la vista y miró hacia la izquierda, ahí venía ella, con la misma ropa de siempre, goteando y llorando como de costumbre. ¿Por qué llora siempre...? Tragó saliva, se le hizo un nudo en la garganta.

   —¡Soonkyu!— la mayor alzó el brazo y la morena se paró frente a ella, jadeando cansada.
            —¿Estás bien? ¿N-No te has muerto?—.
            —Claro que no me he muerto—. Se enrolló su chaqueta a la mano y la tocó, demostrando que el frío de su piel seguía quemándola, aunque sin dañarle esta vez. —¿Ves?—.
            —Lo siento...—.
            —¿Eh?—.
            —N-No podemos ser amigas... No quiero dañarte—.
            —Oye, ya hemos hablado de eso. No me vas a hacer daño, lo sé. ¿Cómo podría una chica tan bonita como tú hacerme daño?—.
            —Porque frente a ti tienes a una asesina—. Una voz algo más grave apareció detrás de Taeyeon. Era Miyoung.
            —¿Qué dices? ¿Soonkyu una asesina? No me hagas reír—.

Antes de que pudiera decir nada más, Taeyeon sintió un tirón en su mano protegida por la chaqueta y empezó a correr con la morena que tiraba de ella. No sabía dónde iban, simplemente se dejó llevar por Soonkyu. La castaña miró atrás, esa pelirroja las seguía, lo que le hizo acelerar el paso siendo ella la que ahora tiraba de la morena para que siguiera su ritmo. Tragó saliva, su pecho dolía, por alguna extraña razón se le estaba acabando la energía. No lo entendía, había dormido durante horas, ¿cómo podía estar tan cansada? ¿Acaso ella tiene algo que ver...? Controló su respiración y giró hacia la derecha, perdiéndose en el boque que había en las afueras de la capital.

Caminaron con pasos sincronizados y haciendo el menor ruido posible. La respiración de Taeyeon era entrecortada, nunca se le había dado bien correr, odiaba los deportes, en especial el atletismo. Se puso una mano en el pecho y agarró fuerte su ropa al tiempo que se separaba un poco de Soonkyu y apoyaba su hombro izquierdo contra un árbol que crujió al sentir su peso. Era simple madera muerta que iba a ceder cuanto menos quisiera.

   —No podemos descansar aún—. La morena tiró de ella pero Taeyeon dejó su peso muerto y el tronco cedió, haciendo que tanto ella como la menor bajaran por una cuesta bastante empinada.

La suciedad de la hierba y la tierra húmeda quedó pegada en sus ropas. Las piedras y pequeñas ramas las golpearon desde varios ángulos, la ropa de ambas se rasgó y terminaron en la orilla de un lago. Parecía que esa pelirroja ardiente ya nos las perseguía, incluso Soonkyu dio gracias al hecho de dañarse de tal manera; el dolor siempre acababa ayudándola a superar ciertos miedos.

Taeyeon la sacó de sus divagaciones cuando esta comenzó a hiperventilar. La castaña se agarraba fuerte la zona del pecho de su jersey verde lima y apretaba los ojos con fuerza, intentando concentrarse en un punto muerto para no marearse. La morena se acercó a ella y acarició su mejilla, estaba fría, casi tanto como ella. No puede ser... Miró al cielo y esperó alguna especie de señal que pudiera corroborar sus dudas. Ella no puede ser mí... No, ¡es imposible!, la miró con pena en los ojos y comenzó a llorar otra vez. No quería robarle la vida a alguien tan maravillosa como ella, tan brillante y sonriente.

   —¡¿Q-Qué debo hacer?!—. La movió un poco, nunca se había encontrado en tal situación. Taeyeon señaló sus labios y Soonkyu se acercó al tiempo que le agarraba la mano temblorosa. —¿Tu boca?—.

Antes de que pudiera preguntar nada más, un tirón de pelo la obligó a bajar la cabeza hasta unir sus labios a los de la castaña. Estaba sorprendida, la menor sintió una suavidad que pensaba haber olvidado ya. Poco a poco notó como la respiración de Taeyeon se iba calmando; no obstante, el beso se sintió tan bien que no se separó hasta que la castaña dejó de fruncir el ceño y abrió los ojos. La morena se asustó y dejó espacio entre ellas. Se arrodilló esperando a que la mayor se sentara a su lado. Taeyeon respiraba aún algo cansada, pero ya se sentía mejor.

   —¡Ah! ¡T-Tus labios!—. Soonkyu los rozó con la punta de sus dedos y sintió una calidez que se manifestó en forma de suave corriente eléctrica.
            —Ya no quemas— Taeyeon agarró su mano y sonrió —¿lo ves?—.
            —P-Pero...—.
            —Creo que es hora de que tú y yo hablemos—. Se levantó y le tendió la mano. —¿Quieres dar un paseo conmigo?—.

La muchacha agarró su mano comprobando que, efectivamente, ya no quemaba. ¿Se habría acostumbrado Taeyeon al hielo? No, simplemente Soonkyu había dejado de utilizar sus poderes para defenderse de ella. La joven no había confiado en nadie más después de su muerte. La chica que amaba la traicionó; la chica que mató luego la mató a ella siendo un fantasma; incluso la gente que pensaba que eran buenas personas acabaron engañándola.

   —¿Me estás escuchando?—. El repentino movimiento en su mano le hizo volver a la realidad.
            —Perdona...—. Una lágrima escapó de sus ojos.
            —No llores más; háblame de ti—. Taeyeon iba a seguir pero la marca en el brazo de la morena le captó la atención. —¿Qué es esto?—.
            —N-Nada... Debo haberme herido al caer por esa pendiente—.
            —Eso no es una herida reciente. Es una quemadura, ¿qué pasó? ¿Es algo relacionado con esa pelirroja?—.
            —N-No...—.
            —Soonkyu—. La mayor golpeó suavemente el mentón de la morena para que levantara la cabeza y la mirara, prohibiendo así que sus lágrimas bajaran por sus mejillas al rozarle la piel con ambas manos. —Deja de llorar, estoy aquí—.
            —¿E-Eres mi amiga?—.
            —Soy tu amiga, aunque me gustaría ser algo más—.
            —¿Eh?—. Su mirada consiguió brillar con intensidad.
            —Cuando te vi llorar el primer día, supe que podría acercarme a ti tarde o temprano. No quería asustarte por eso primero pedí ser tu amiga. Siempre te veo llorando o gritando, o huyendo de mí y eso me duele. Quiero que me cuentes tus problemas y sentir que puedo ayudarte—.
            —P-Pero yo...—.
            —¿No te gustan las mujeres? Si es así, puedes borrar la parte que dije "me gustaría ser algo más" y quédate con el resto. Sirve para las dos cosas— sonrió con sinceridad, acariciando las manos de la menor con dulzura. —Lamento si te he molestado con el tema pero me ha preocupado el hecho de que corrieras así. ¿Quién es esa pelirroja?—.
            —Es Miyoung...—.
            —¿Te molesta?—.
            —Ella murió por mi culpa. Yo la maté...—. Se soltó del agarre y se arrodilló al suelo, llorando de nuevo. Taeyeon imitó su movimiento y le acarició el cabello.
            —Cuéntame qué pasó, estoy aquí para ayudarte—.
            —¿N-No estás asustada...?—. Preguntó con voz temblorosa.
            —No—.
            —¿N-No vas a marcharte?—.
            —Me quedaré aquí—.

***

La muchacha de largos cabellos rojos dejó de buscarlas, sabía que no conseguiría nada. Voy a matarte, definitivamente voy a matarte Soonkyu, ya lo verás, apretó los dientes y caminó con largos pasos hasta la plaza central de la zona comercial de Seúl. Había quedado con Sooyeon, esa rubia que ignoraba su verdadero destino. Miyoung esbozó una sonrisa dulce al verla saludar a lo lejos y agarró su mano cuando llegó a su lado. La muchacha escondió sus llamas, siempre lo hacía con ella. Con el paso del tiempo había aprendido a dominar su poder y eso le había proporcionado el autocontrol suficiente para poder robar almas a su antojo.

Su tiempo se agotaba, pero quería disfrutar hasta el último momento de todas las víctimas que lograba engañar. Debía aprovechar sus encantos aun siendo un fantasma. No lo entendía, si ella murió antes, ¿por qué tenía menos tiempo que Soonkyu? Yo fui la primera víctima... ¡No lo entiendo! Miró enfadada al cielo y apretó fuerte la mano de Jessica, captando su atención.

   —¿Ocurre algo Miyoung?—. Acarició su mejilla y sintió el característico calor de la chica. —Oye, ¿por qué siempre tienes una piel tan ardiente?—.
            —¿Quieres que te lo cuente?—.
            —Claro—.
            —Vayamos a mi casa pues, allí estaremos más tranquilas—.

***

Sentadas en unas rocas, Taeyeon escuchaba atenta el pasado de Soonkyu. La mayor suspiró, observando de manera disimulada cómo se movían los labios de la otra, cómo sus ojos habían dejado de llorar, cómo sus manos se movían imitando el movimiento de la estrangulación... La castaña sonreía. No era una historia para reír pero el hecho de conseguir que Soonkyu dejara sus miedos a un lado y confiara en ella le hacía sonreír.

   —¿Te han dicho nunca que eres una chica muy rara?—.
            —Tú ya me lo has dicho dos veces—.
            —Es que... otra persona ya habría salido corriendo—.
            —Pero las amigas están para escuchar, ¿verdad? Llámame loca pero creo que si Miyoung te molestaba hasta ese punto no te culpo que hicieras tal cosa—.
            —¿Hice bien...?—.
            —Aunque la venganza no sea algo muy bueno, yo creo que sí—.
            —Pero ahora quiere matarme de verdad...—.
            —¿Y qué debes hacer para que no pueda hacerlo?—.
            —Esperar a que su tiempo termine o irme yo antes—.
            —¿Irte?—.
            —Ascender. Dejar que mi cuerpo pueda reposar definitivamente en su tumba—.
            —Así que realmente sí eres un fantasma...—. Sonrió.
            —¿Qué te hace tanta gracia?—.
            —Hace ya unas semanas, me reí de ti sin conocerte. Me dijeron que eras un fantasma que vagaba por esa zona. Lo siento—.
            —Da igual, no eres la primera que se ríe de mí. He sido la mofa de muchos durante mis años de vida y mis años... de muerta—.
            —¿Pero por qué tu hermanastra te trataba así?—.
            —Por una chica...—.
            —¿Una chica? ¿No me dijiste que no te gustaban las mujeres?—.
            —Yo nunca llegué a decirlo, tú sola te creaste la respuesta equivocada...—. Bajó la voz al tiempo que sus mejillas se sonrojaban de forma leve.

***

Supuestamente aún faltaban quince minutos antes de llegar a la casa de Miyoung pero la pelirroja estaba furiosa llevándose a Sooyeon hasta el lugar de su muerte. Frente a ellas se encontraba una casa en ruinas y con señales de haber sido quemada que permaneció escondida por muchos, envuelta por las hiedras y otras plantas que se habían adueñado de ese lugar abandonado.

   —¿Dónde estamos?—.
            —¿Conoces la historia de la chica que murió quemada aquí?—.
            —Una tal Hwang Miyoung, ¿no?—.

La mano que la pelirroja tenía agarrada apretó con fuerza y comenzó a quemar la palma de Sooyeon, ignorando los gritos de dolor que comenzaron a escapar de la garganta ajena. Tiró de ella y la besó bruscamente, abrazándola contra su cuerpo mientras mordía su labio inferior, consiguiendo que un poco de sangre tocara su lengua. Sooyeon se apartó de ella con un empujón y la abofeteó, sintiendo un calor intenso y doloroso en su mano.

   —¡¿Q-Qué haces?!—.
            —Podrías haber muerto de otra manera pero veo que no quieres jugar—. La pelirroja la agarró por ambas muñecas y volvió a besarla, llevándose la respiración de la rubia hacia su boca. Pero Miyoung le robó algo más que el simple aliento.

Su alma, de un leve color rosa, desapareció en la boca de la joven de cabellos rojos, haciendo que ésta sonriera levemente mientras dejaba que el cuerpo de Sooyeon cayera inerte al suelo. La miró. Qué pena, una chica tan bonita muerta por no querer seguir el juego, miró hacia el cielo y sintió un leve pinchazo en el pecho. Miyoung cayó de rodillas al suelo al tiempo que un ligero sudor perlaba su frente.

   —¡No es justo! ¡Ella me mató!—. Gritaba al aire. La chica sintió cómo algo la arrastraba por el suelo, empotrando su cara contra la tierra aún quemada.
            —Te ves tan patética—. Una risita le hizo mover la cabeza con dificultad, parecía que algo invisible se había acomodado sobre su cuerpo.

Una chica de largos cabellos morenos y mirada oscura sonreía, sentada en uno de los trozos de pared derrumbados, con las piernas dobladas y uno de sus brazos aguantando su cabeza. Suspiró y siguió mirando a Miyoung, riéndose de su situación.

   —Esto es un aviso, Hwang. A la próxima serás arrastrada hasta el mismísimo infierno—.
            —¿Infierno?—.
            —Exacto—. La chica saltó, mostrando unas largas alas negras que dejaron alguna que otra pluma por el suelo quemado. —Tú vives de robar las almas de pequeñas vidas y nosotros vivimos de los fantasmas que no consiguen ascender. No vas a vagar toda la eternidad en la Tierra, a todo el mundo le llega la hora de encontrar la paz en el más allá o encontrar el sufrimiento eterno bajo tierra—.
            —¿Eres un ángel de la muerte?—. La pelirroja notó como una gota de sudor bajaba por su piel y se perdía en el suelo. La llama que ésta dejó se apagó segundos después. Ese peso comenzaba a cansarla, no quería morir aplastada una segunda vez.
            —Veo que sabes de nosotros. Mejor, me ahorraré una larga explicación—. Se arrodilló a su altura y le tocó la cabeza, llevándose unos mechones de su larga cabellera a su nariz para inspirar su aroma. —Me llamo Yuri. Recuerda mi nombre Hwang, vas a ser mi mejor alma en pena—.
            —¡Nunca me tendrás! ¡Sácame esta cosa de encima, sea lo que sea!—.
            —Veo que eres geniuda eh— sonrió pícaramente —me gustan las mujeres con carácter—.

Por alguna razón que Miyoung desconocía, su fuego no dañaba a la contraria, era como si la morena tuviera una barrera anti-elementos. Esa sonrisa le molestaba, cerró las manos en puño y agarró tierra del suelo, dispuesta a tirársela a la cara para que dejara de ejercer su poder sobre su espalda, le estaba costando demasiado respirar.
No pudo hacer nada, Yuri se levantó y pisó ambas manos, haciendo que la pelirroja gritara de dolor.

   —Yo que tú, no haría eso—. Volvió a sonreír y con un chasquido de dedos borró esa fuerza invisible. —Siempre he querido un fantasma de fuego en mi colección, y por cómo estás haciendo las cosas, pronto te tendré en mi infierno personal—.

Desapareció con un gran impulso que la hizo volar cielo arriba, perdiéndose de la vista de la pelirroja. Por primera vez en mucho tiempo, Miyoung volvió a llorar.

***

Ascender significaba encontrar tu alma gemela en la Tierra y conseguir que esa persona aceptara irse contigo. El resultado era una paz indescriptible para ambas partes, pero no se encontraban casi nunca esas personas que quisieran auto-sacrificarse para ayudar a otra que apenas conocían. Pocos fantasmas habían conseguido en tan poco tiempo el amor de dicha persona e irse con ella al más allá, pero la mayoría terminaban robando sus almas sin amor, condenándose a bajar al infierno. El poco tiempo del que disponían y las punzadas de dolor que caracterizaban cada hora que pasaba les hacían perder los nervios y actuaban por puro instinto.

   —¿Puedo irme contigo?—.
            —No digas tonterías. No quiero robar tu alma, no te mereces morir tan pronto—.
            —Pero me gustas, ¿qué tiene de malo eso?—.
            —Taeyeon, yo...—. El sonido del móvil alertó a la castaña, tenía planes y no podía fallarse a sí misma.
            —Debo irme, lo siento—.
            —No importa, vete—.
            —¿Dónde podré encontrarte?—.
            —Aquí...—. La menor sonrió levemente.

¡Lo he conseguido! ¡Soonkyu ha sonreído! Le respondió con una brillante sonrisa y se fue, subiendo poco a poco esa empinada colina por la que antes habían bajado. Si seguía el borde de la carretera llegaría a su casa en media hora.

Taeyeon se miró en el espejo de su habitación al llegar, su ropa estaba sucia y llena de pequeños agujeros. Buscó en su bolsillo, esa lágrima negra seguía allí. Los labios de la joven se curvaron en una suave sonrisa al percatarse de que dicha gota de hielo ya no quemaba, ahora era una simple joya gélida. La muchacha buscó un hilo y algo con que poder agujerear un poco la punta de dicha lágrima, de esa manera podría llevarla siempre consigo. Taeyeon, a veces eres tan cutre.

***

Una suave mano acarició el hombro derecho de Soonkyu. La morena ya sabía de quién se trataba: Yoona.

   —¿Qué piensas hacer, Soonkyu?—.
            —No lo sé...— la joven abrazó sus piernas y escondió el rostro entre ellas —...me gusta pero... no quiero robarle la vida—.
            —Pero sabes que podréis estar juntas luego si todo va bien—.
            —Pero, ¿y si no va bien?—.
            —Yo sé que irá bien. Confía en mí—. La chica se levantó y se puso delante de ella, volando a pocos centímetros del suelo con sus amplias alas blancas.
            —¿Cómo puedes estar tan segura? Tú eres un ángel de la muerte, no puedes conocer mi sufrimiento—.
            —Antes de serlo, fui una persona humana y también un fantasma, como tú—.
            —¿Lo fuiste?—.
            —Sí, y también fue una hipócrita como tú que mató a quienes le molestaban—. La voz de Yuri rompió la calmada atmósfera que había entre las dos. Yoona frunció el ceño y se giró, mirando a la muchacha de alas negras sin emoción alguna en sus ojos. —No me mires así. Llegar a ser un ángel de la muerte implica que has tenido que madurar en muy poco tiempo—.
            —¿Qué haces aquí? Yo no te molesto en las conversaciones que tienes con Hwang—.
            —No la llames así, se pronuncia Miyoung, sé algo más cariñosa Yoong—.
            —Deja de llamarme así. Tú eres la primera que utiliza los apellidos para dirigirse a los demás, no me vengas con tonterías de nombres y vete, estamos conversando—.
            —Eh, no seas tan fría conmigo—. Yuri acarició las plumas de Yoona y esta se apartó de ella. —Vale, vale, ya lo he captado. Iré a molestar a otra alma en pena pues. Adiós preciosa—.

***

“Todo pasó muy rápido. Acababa de debutar y la noticia le impactó de tal manera que sus piernas flaquearon y terminó desmayada en el suelo. Primero fue Miyoung, luego Soonkyu... Cualquier chica que amaba terminaba muerta. La excusa del cansancio siempre funcionaba pero cada vez la gente se lo creía menos, así que aprendió a sustituir sus ganas de llorar y gritar por un simple mareo.

La joven comenzó a creer que estaba maldita. No era normal que las dos chicas a las que amó acabaran muertas en tan poco tiempo de diferencia...”

Unos golpes suaves en su hombro la despertaron de la pesadilla. Se había quedado dormida en el sillón que acompañaba la cama de su madre en el hospital y comenzó a llorar en sueños. Una preocupada Taeyeon la miraba mientras le daba aire con su mano.

   —¿Estás bien?—.
            —S-Si, ha sido solo una pesadilla—. Se frotó el sudor de la frente y miró la pantalla de su móvil. En esta se veía la foto de una chica que Taeyeon reconoció casi al instante.
            —¿Es Soonkyu?—.
            —Sí... ¿la conociste?—.
            —La conozco. D-Digo, la conocí—. Sonrió de manera nerviosa y se sentó a su lado. Claro... Soonkyu está muerta. —Fue una gran amiga—.
            —Es raro, nunca me habló de ti, Taeyeon—.
            —Yo le dije que no lo hiciera. No quería problemas—.
            —¿Problemas?—.
            —Yo ya me entiendo—. Le acarició el hombro y sonrió, mirando un momento a la señora Choi para luego volver a fijar la vista en la morena. —¿Fue alguien importante para ti?—.
            —Fue mi pareja...—.
            —Oh...— Así que la chica por la que se pelearon Soonkyu y Miyoung era ella... Tragó saliva e imaginó lo duro que debió haber sido para Sooyoung soportar el peso de esas dos pérdidas.
            —Aunque según unos fue mejor que desapareciera, no está bien visto que dos mujeres… ya sabes—.

Ni las dos chicas ni nadie del hospital sabían que allí se encontraba Soonkyu, espiando detrás de la puerta, llorando en silencio, disculpándose por algo que ella no había elegido. No se dejó ver por nadie, ni tan siquiera por Taeyeon.

La chica de cabellos morenos entró en la habitación y se quedó frente a la cantante; con sus dedos rozó la mejilla de Sooyoung de tal manera que ésta sintió un escalofrío por toda su espalda. Taeyeon miró al suelo y sonrió; quizás la más bajita no se dejaba ver pero había dos cosas que la delataban. Una era el frío repentino que la lágrima colgada en el cuello de la mayor comenzó a emanar, y la otra fue el agua que apareció mágicamente en el suelo.

   —Quizás Soonkyu ya no está contigo, pero creo que sigue amándote esté donde esté. Era una chica preciosa y sé que habría llorado si te hubiera visto como estás ahora. ¡Debes sonreír!—.
            —Ya lo hago, pero todo el mundo se siente débil alguna vez... No soy la excepción—.
            —¡Seguro que está bien!—. Sonrió y comenzó a toser. —Lo único que debes hacer es seguir adelante, sé que se preocupa por ti—.
            —¿Te encuentras bien?—. Taeyeon asintió mientras se giraba y se tapaba la boca. —Espera… ¿qué haces en el hospital?—.
            —Vine a hacerme una revisión para que no tuviera ninguna lesión mal curada, y ya que estaba aquí pues...—. Se miró la palma de la mano y tragó saliva —...vine a visitar a tu madre. Veo que aún no ha despertado—.
            —En realidad sí, lo único que ahora está durmiendo—.
            —Oh, bueno Sooyoung, volveré otro día, acabo de acordarme que tengo algo que hacer—.
            —Está bien, cuídate—.
            —Tú también—. Taeyeon salió corriendo de allí; Soonkyu la persiguió—.

La castaña se refugió en su casa. Al mirarse en el espejo del baño sintió unas ganas terribles de llorar. La muchacha escupió algo que tenía rondando por la boca desde que había tenido ese ataque de tos en el hospital. Lo que menos quería ver, bajando lentamente por el lavamanos hasta perderse por el desagüe: sangre. Lo siento señorita Kim pero al comprobar sus daños vimos que tenía una grave infección en los pulmones. Nosotros no podemos hacer nada, a lo mejor si viaja a Estados Unidos... No podía pagarse tal cosa.

Soonkyu la espiaba desde la puerta del baño, no sabía cómo animar a la chica que tanto le había ayudado, que en tan poco tiempo había logrado hacerle sonreír de nuevo y que recordara la calidez de un beso en sus labios. Suspiró, se armó de valor y atravesó la puerta, para poner una mano en el hombro de la castaña que seguía tosiendo.

   —Dime Soonkyu... ¿duele morir?—.
            —No duele—.
            —Quiero irme contigo—.
            —Pero...—.
            —Ya me viste con Sooyoung, me estás viendo ahora, ¿verdad? Me estoy muriendo y si tengo que morir prefiero irme contigo que estar sola—.
            —P-Pero Taeyeon...—.
            —¡Te quiero Soonkyu! ¡Me gustas! Y quiero pasar el resto de mi eternidad contigo...—. Su voz se fue apagando a medida que se acercaba al final de la frase. Quería ser correspondida.

Era un pensamiento demasiado egoísta y precipitado. Taeyeon miró a Soonkyu, algo le decía que iba a oír un “no” de su boca y huiría.

Sin embargo no fue así. Taeyeon sintió una punzada en el pecho seguida de un aire frío en su boca. La mayor cerró los ojos; la falta de oxígeno la asustó los primeros momentos pero al sentir un beso en sus labios se relajó. Fue algo mágico, no podía describirlo de ninguna otra manera.

Era la primera vez que Soonkyu robaba el alma de alguien a través del beso, el ritual para poder ascender. Una sensación de calor creció dentro de ella y acto seguido cerró los ojos; su cuerpo flotó y agarró la mano de Taeyeon para que fuera con ella.

***

Miyoung se encontraba lanzando piedras al río. No obstante, su aburrimiento pronto terminó cuando el mismo peso que Yuri ejerció sobre ella en la última amenaza volvió a aparecer. Esta vez, pero, se abrió una brecha bajo sus pies con una potente fuerza de succión que le obligó a arañar el suelo en busca de algo donde aferrarse. Las llamas rozaban sus piernas, eran unas llamas diferentes, de color negro. Su cara de terror se hizo más visible cuando vio a Yuri aparecer delante de ella, pisando sus dedos para que se soltara y cayera al infierno.

   —Te dije que serías mía, Hwang. No te preocupes, solo los primeros dos mil años duelen. Seguro que ahí te encuentras con gente que seguía tus pasos y acabaron muertos, ya verás, será divertido después de todo—.

***

El cuerpo de Taeyeon fue enterrado junto a su familia. Sooyoung entró en una depresión contra la que luchó por más de dos años; por otra parte, su madre pudo reabrir el negocio y colgó una pequeña placa en homenaje a Taeyeon. Seguro que con Soonkyu estarás bien. Sonrió con melancolía y recordó los momentos felices de su hija junto a esa bajita morena, esa chica con la que debían viajar juntas antes de su debut pero que fue encontrada muerta junto al lago. Estrangulada por alguien del que nunca se encontraron pistas.

***

Sabía que habían pasado semanas antes de que pudiera abrir los ojos. Una oscuridad la envolvía y oía voces a su alrededor. El lugar donde estuvo reposando hasta que su cuerpo se materializó de nuevo era un espacio negro, cómodo. La muchacha dejó de taparse la cara y miró a su alrededor, estaba sentada en un banco de la ciudad, algo alejada de la gente. Ella miró desorientada los edificios que la rodeaban, intentaba situarse en un punto exacto de Seúl.

   —Hola Sooyeon—. Una chica morena de alas blancas y sonrisa cálida apareció delante de ella.
            —¿Quién eres?—. La rubia se sentía débil, confundida y asustada. En su cabeza se formularon decenas y decenas de preguntas.
            —Podemos decir que soy tu ángel de la guarda. Ven conmigo—. Yoona le tendió una mano y sonrió —voy a enseñarte como ascender—.

FIN

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