domingo, 29 de octubre de 2017

Writing's on the Wall | Capítulo 11


Buenos días bolitas de algodón ¿sabéis qué? Today is mah b-day! Venga, poneos todos en fila y felicitadme de uno en uno, que quiero sentirme importante (?) 24 años son muchos años, el peso de la edad me presiona contra el suelo, esto no puede ser. Sé que me queréis mucho y eso pero también sé que lo que realmente os importa es este nuevo capítulo de WOTW que traigo para todos vosotros. De nada~

¡Disfrutadlo!

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CAPÍTULO 11

En las últimas semanas las cosas se habían complicado bastante; Shinhye había perdido más de la mitad de sus pacientes por las noticias dadas en televisión, y solo tenía oportunidad de ver a su hijo una vez por semana. Ahora tenía más tiempo libre, pero eso no arreglaba nada, al contrario. La castaña era una mujer que necesitaba hacer algo las 24 horas del día para sentirse realizada con su trabajo por lo que amablemente se había ofrecido voluntaria para ayudar a los residentes de primer año que necesitaran una mano con el papeleo. Extrañaba no poder dormir debido a los gritos de Chadol o no poder avanzar su trabajo porque Jinmyung no dejaba de reclamar que le quitara de encima al doctor Kim.

Jinmyung… La mayor miró sus manos. Desde que Sungkyung le había dicho que todo se debía al estrés sus dedos parecían haber regresado en sí, mostrándose fuertes y sin temblor alguno. Le daba mucha rabia pensar que todo lo que pasó podría haberse evitado si no se hubiera creído la mujer maravilla. La sociedad en la que vivía se escandalizaba por nada, y los medios de comunicación habían hecho un brillante trabajo en arruinarle la carrera y la vida. A pesar de que el director Hong era un hombre comprensible que siempre había confiado en las habilidades de Shinhye, esta no se salvó de la bronca que recibió al entrar al despacho del hombre canoso. Sabía que se lo merecía, pero sinceramente esperaba que él tuviera algo de comprensión y le dejara explicarse antes de escupirle todas aquellas palabras hirientes.

Todos los doctores podían cometer errores, pero ella estaba recibiendo más mierda de la que debería solo porque la víctima fue alguien que trabajaba en ese mismo hospital. “¿Cree que estoy feliz de saber que cuando llegue al hospital no voy a ver a Jinmyung? ¿Cree que puedo dormir bien sabiendo que todo fue mi maldita culpa? Porque si lo cree déjeme decirle que usted no tiene corazón”. Era la primera vez que la mujer le alzaba la voz a su superior, y sinceramente se esperaba un despido, pero no, para su sorpresa recibió un montón de disculpas de parte del director Hong, porque él vio el arrepentimiento en los ojos acuosos de la doctora, y porque en el fondo todos los trabajadores sabían que Shinhye era la que más se preocupaba a la hora de saber cómo estaban los pacientes, ya fueran suyos o de otros departamentos.

• • •

   —¿Se puede saber qué haces?— Al abrir la puerta del despacho de la doctora Park, Jangmi se encontró a la residente de nombre Hyeri sentada sobre las piernas de la mayor. Shinhye ayudaba a los de primer año porque ella había tenido muchas dificultades a la hora de integrarse, pero nadie le había dicho que una de las nuevas parecía estar loca por coquetear con todas las mujeres del hospital —perdona, hay gente que está trabajando— con toda la fuerza que Jangmi tenía, alzó a la joven del regazo de la castaña y esta suspiró aliviada.
            —Eres una aguafiestas— Hyeri se quejó, arreglando un poco su falda.
            —Cállate— Jangmi dejó unos documentos sobre la mesa de Shinhye —he buscado lo que me pediste y tenías razón, el doctor Kim no ha venido desde hace más de una semana—.
            —Gracias, hablaré con el director sobre esto— la recién llegada le sonrió mientras intentaba arrastrar sin mucho éxito a la menor de las tres.
            —Por cierto, aquella mujer elegante de la otra vez te está esperando en recepción—.
            —¿Quién?—.
            —No me acuerdo cómo se llama, la que pagó la operación de Jinmyung—.
            —¿En serio me está esperando? Deberías habérmelo dicho antes— Shinhye se levantó de la silla sin poder despegarse a la residente de su brazo.
            —¿Quieres que te preste el spray anti-insectos?— Jangmi siguió al par de mujeres hasta el ascensor.
            —¿Para qué quiero eso?—.
            —Para que esta enorme babosa se te despegue—.
            —¿A quién estás llamando babosa?— Shinhye quería llorar por dentro, ¿por qué tenía que aguantar esas estúpidas peleas? Ni que fueran dos crías.
            —A ti, por supuesto— ni siquiera la musiquilla de ascensor lograba calmar un poco el ambiente —dijo que debía decirte algo muy importante, está esperando en el mostrador junto a Mido—.
            —De acuerdo, gracias Jangmi— la nombrada se despidió al salir del ascensor con una mirada asesina dirigida a Hyeri.
            —Debe tener mucho dinero si pagó la operación de otra persona, ¿no? ¿Y quién es Jinmyung?—.
            —Ahora no tengo tiempo para hablar de esto. ¿Podrías soltar mi brazo? Tengo los dedos entumecidos—.

Contrario a lo que Shinhye pensaba, la menor la soltó casi al instante. De hecho, las coloradas mejillas de la contraria fueron tornándose blancas, casi transparentes, como si hubiera visto a un fantasma.

   —¿Hwayoung…?— La doctora Park miró sorprendida a Hyeri por conocer el nombre de la mujer que ahora mismo suponía un enorme dolor de trasero en su vida. La aludida giró la cabeza y, con el mismo miedo que mostraba Hyeri en sus ojos, se quitó las gafas de sol y miró a ambas mujeres de bata blanca —¿q-qué haces aquí?—.
            —Fantástico— gruñó la morena —¿de todas las personas que podía encontrarme en este hospital, tenías que ser tú?— a pesar de estar asustada, logró controlar los tembleques en su voz —no te me acerques— pronunció en tono amenazador cuando vio las intenciones de la contraria.
            —¿Os conocéis?— se atrevió a preguntar Shinhye al sentir que la estaban dejando de lado.
            —¡¿Y tú de qué la conoces, eh?!— Hyeri se giró, agarrando con fuerza uno de los brazos de la doctora.
            —¡Eh! ¿A qué viene ese tono? Recuerda que le estás hablando a una superior—.
            —Ni superior ni leches, te juro que…— la joven soltó a la doctora y comenzó a seguir a la morena cuando vio que esta se iba —¡Hwayoung espera! ¡Hwannie!—.

Shinhye se sobó el brazo adolorido al tiempo que veía, apoyada en el mostrador, la escena de ambas mujeres discutiendo en la calle. Sus cejas se arquearon automáticamente en un gesto de curiosidad y suspiró mientras esperaba a que alguien le diera una respuesta. Meterse entre esas dos solo le aseguraría una cosa: la muerte, y todavía quería hacer muchas cosas antes de morir.

   —¿Tu sabes algo de esto?— le preguntó a Mido, la cual negó con la cabeza —su carácter ha cambiado radicalmente, da mucho miedo—.
            —¿Quién de las dos?— se atrevió a preguntar la enfermera.
            —Ambas— Shinhye sacudió su cuerpo tras un escalofrío.
            —¿No debería decirle al director Hong que la residente le chilló?—.
            —No sé si hacerlo, parece bastante alterada, puedo dejarlo pasar por hoy—.
            —Cuando llegó se mostró muy segura de sí misma— afirmó la muchacha tras el mostrador —hasta me dio una invitación VIP para su próxima fiesta, aunque no tengo ni idea de qué tipo de fiesta es—.
            —¿Puedo ver esa invitación?— preguntó Shinhye, mirándola en cuanto la tuvo entre sus dedos —¿vas a ir?—.
            —Me insistió mucho, a pesar de que yo no suelo ir a fiestas. Pensé en dársela a una amiga, pero me da la sensación de que esa mujer es un peligro. ¿Quiere ir usted? Parece que a la residente le gusta su compañía—.
            —¿Bromeas? Me siento muy vieja para eso—.
            —No diga eso, está en la mejor época de su vida—.
            —Gracias, necesitaba escuchar algo así—.
            —Quizás airearse en una fiesta le irá bien—.
            —¿De verdad no vas a ir?—.
            —Sinceramente, esa mujer me da miedo. Cuando llegó me dijo no sé qué de temas calientes y profundos y…— las mejillas de Mido se colorearon casi al instante, arrancándole unas risas a la mayor —¡doctora Park no tiene gracia!—.
            —Claro que la tiene— la despeinó con cariño —¿en serio quieres que vaya yo sabiendo que te dijo esas cosas? ¿Y si se vuelve loca e intenta hacerme algo?—.
            —Usted sabe defensa personal, tumbó a ese tipo musculoso casi sin esfuerzo—.
            —Bueno, me guardaré la tarjeta por si acaso—.

• • •

Había cierta barrera que separaba a la joven de cabellos morenos de su hermana mayor. Desde pequeñas sus diferencias habían sido notorias, una era la calma personificada mientras que la otra era un torbellino de emociones y energía. Quizás su emoción por volver a Seúl después de un año le había hecho olvidar lo mal que se llevaban pues no esperaba que su primer saludo por parte de su fraterna fuera una bofetada.

   —¿Por qué me has pegado?— poco a poco sus ojos comenzaron a ponerse acuosos.
            —Tu no deberías estar aquí, ¡no deberías!— la otra mujer estaba presa de los nervios, dando vueltas por el salón de su casa —el plan no era este—.
            —¿Plan? ¿Qué plan?—.
            —¡El plan que iba a salvar mi vida! Te odio Jinri, ¡siempre lo estropeas todo!—.
            —Creo que deberías respirar y hablar con más tranquilidad, no estoy entendiendo nada—.
            —No hay nada que debas entender— esta gruñó —te odio—.
            —Eso ya lo has dicho, pero quiero saber por qué estás así, ¿ha pasado algo con Taeyeon?—.
            —¡A ella ni la menciones!— la voz de Sunhwa se rompió a medio grito y sus piernas comenzaron a flaquear hasta el punto de que se vio obligada a sentarse —he dejado a Taeyeon—.
            —¿Pero por qué? Después de todo el papeleo que movió para que pudierais casaros y…—.
            —Mira, ya tuve un sermón de este tipo días atrás, no quiero escucharlo de nuevo, y menos de ti— apretó sus lacrimales y suspiró —yo tenía que viajar hasta Chicago y encontrarme contigo ahí—.
            —Nunca me lo comentaste… si lo hubiera sabido habría cancelado el billete de avión— Jinri seguía sin entender nada, pero al menos la contraria parecía haberse calmado. Al menos estaban empezando una conversación un poco más civilizada —creí que te alegraría verme antes de tiempo, lo siento—.
            —¿Fuiste a saludar a papá y a mamá?— la menor negó con la cabeza —bien, porque vamos a volver a Chicago mañana por la noche—.
            —Esto no les va a gustar… Dime al menos por qué, ¿qué es lo que ocurre?—.
            —Estoy enferma y quiero que me trate un hospital en el que no maten a la gente—.

El rostro de Jinri palideció.

   —Lo último que has dicho me ha sonado fuera de lugar, pero si prefieres recibir tratamiento de… espera, ¿enferma de qué?—.
            —¡Deja de hacerme tantas preguntas! Harás que mi cabeza explote—.
            —Lo siento…— la joven se sentía como un ratón dentro de un laberinto de cartón, desorientada y asustada.
            —Te contaré los detalles mientras estemos en el avión. Puedes quedarte a dormir aquí, si lo prefieres, es esencial que ni papá ni mamá se enteren de que regresaste, y menos Taeyeon—.
            —Pero ella es tu esposa… ¿no sería justo y lógico que lo supiera?—.
            —Era mi esposa, le devolví el anillo— la menor metió las manos en los bolsillos de su pantalón y suspiró —no pongas esa cara, nuestra relación tampoco estaba funcionando. Fue un error de mi parte haber aceptado salir con ella—.
            —Te recuerdo que hace unos meses atrás me llamaste para explicarme el viaje que te preparó para tu aniversario, y no parecías nada arrepentida de haber aceptado salir con ella—.
            —Hace unos meses atrás no sabía que estaba enferma, señorita sabelotodo—.
            —Estoy flipando—.
            —Yo también, ¿de qué lado estás?—.
            —Sunhwa, no puedes preguntarme esto. Taeyeon me cae muy bien, tu eres mi hermana, y yo soy una pobre chica que esta mañana aún estaba en Chicago y que se encuentra que su primer saludo es una maldita bofetada en la cara, ¿era necesario golpearme?—.
            —Bien, siento mucho lo de la bofetada, sé que no debería haberlo hecho y… Oye, no llores—.
            —¿Cómo quieres que no llore? Estás enferma, no quieres contarme qué te pasa, me siento muy perdida y no sé con qué cara deberé mirar ahora a Taeyeon. ¿Qué le digo si me la encuentro por la calle?—.
            —Dudo que te la encuentres, pero si se da el caso puedes mentirle, eso se te da bien—.
            —¡Deja de ser tan cínica! Dios, debes tener algo en la cabeza que te está haciendo cambiar, tu antes no eras así.
            —Esa frase también la he escuchado mucho estos últimos días—.
            —Si la escuchaste tanto debe ser por algo— con las mangas de su sudadera secó las lágrimas de su rostro —yo quiero ayudar, pero me estás metiendo entre la espada y la pared, y eso no me gusta—.
            —Todos tenemos que sufrir algo que no nos gusta, ¿crees que yo pedí tener cáncer?—.
            —¿Cáncer? ¿Cáncer de qué?—.
            —Dejémoslo en cáncer, no quiero hablar de eso ahora—.
            —¡P-Pero Sunhwa!—.
            —¿Vas a quedarte a dormir aquí?—.
            —Qué remedio…—.

• • •

Sus ojos estaban llenos de dudas. Hwayoung solo había venido para disculparse con Shinhye, pero a cambio recibió la desagradable e inesperada bienvenida de Hyeri, ¿qué hacía ella en ese hospital? No hacía falta ser muy lista para entender que estaba trabajando como doctora en dicho lugar, pero la morena recordaba haberse despedido de ella para no verla nunca más, ¿entonces qué demonios hacía ahí? Las amenazas de los padres de la contraria volvieron a su mente y sintió miedo de que dichas personas estuvieran rondando cerca del lugar.

   —Suéltame— Hwayoung movió su brazo con fuerza —he dicho que me sueltes—.
            —¿No podemos hablar? Te invito a un café, quiero preguntarte muchas cosas—.
            —No, no podemos— se zafó del agarre —yo no tengo ninguna necesidad de hablar contigo—.
            —Mientes, lo noto y…—.
            —¡Hwayoung!— la voz masculina de Adam interrumpió las palabras de la doctora —supuse que estarías aquí, ¿quién es esta, te está molestando?— la morena sabía que se ganaría un lugar en el infierno por asentir con la cabeza pero necesitaba hacerlo. Adam empujó a Hyeri tirándola al suelo y la señaló con el dedo —no vuelvas a acercarte a mi prometida, ¿lo has entendido?—.
            —¿Prometida? Hwayoung, ¿de qué va todo esto?—.
            —Vámonos Adam, por favor, esta mujer me está poniendo enferma— la morena se agarró al brazo del hombre de ojos azules ignorando los reclamos y gritos de la contraria y entró al coche.
            —Creí que te había dicho que no quería que te acercaras a ese hospital—.
            —Lo sé, y lo siento. No volverá a pasar—.
            —Más te vale—.

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